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El titán del Bernabéu

Carlos Henrique Casemiro honra la profesión de mediocentro. Su compromiso con sus responsabilidades nunca se ha podido cuestionar y se ha visto siempre acompañado por un rendimiento superior, por encima de la media de sus compañeros y resultando una pieza ultracompetitiva para el entrenador de turno, que ha sido fundamentalmente Zinedine Zidane, aquel con el que mejor se ha entendido. El técnico francés encontró en el brasileño un posibilitador de su idea, un jugador que le permite equilibrar su propuesta ofensiva y, a la vez, convertir a su sistema en infranqueable cuando tocaba especular y contemporizar con un resultado. Incluso en la temporada pasada, tan difícil para el club blanco, Casemiro estuvo ahí para cerrar grietas y elevar el nivel del equipo. Y eso, ahora que sobre el campo las cosas van mejor, alcanza más valor aún, pues el 14 continúa siendo bastión y referencia para todos.

Carlos Casemiro cada vez es más importante en el Madrid tanto a nivel deportivo como de club.

Su partido último partido de La Liga contra el Sevilla FC fue redondo. Y es que, a su mínimo notable alto habitual en las labores de despliegue físico, gestos defensivos y recuperaciones, sumó un 85% de acierto en el pase en lo objetivo y una palpable presencia en cada fase del juego en lo más subjetivo. Ha alcanzado ese punto de confianza y personalidad que lo coloca como mediocentro total, muy fiable en cada acción, recordando a aquel Casemiro que transmitía una seguridad intimidante allá por el verano del 2017 cuando jugó y ganó como un adulto entre niños la Supercopa de Europa contra el Manchester United de José Mourinho con aquel Real Madrid que parecía invencible. Las mismas sensaciones transmitió el brasileño en el complicado duelo que finalmente sacó adelante el conjunto blanco ante el combativo equipo de Julen Lopetegui.

Una victoria en la que el brasileño resultó absolutamente decisivo. Pues, sobre la base de un gran rendimiento para con sus obligaciones tácticas sobre el césped, añadió dos goles para su primer doblete como futbolista profesional. Y, además, mostrando un repertorio técnico fascinante para ejecutar cada uno de los remates, emulando a Ronaldo Nazario en la definición contra el portero en el 1-0 y a Ruud Van Nistelrooy en el cabezazo que supuso el 2-1. Unos atributos que completan ya no solo su actuación puntual del sábado sino una paleta de recursos y posibilidades para ser siempre y durante los 90 minutos de cada partido una pieza con la que contar para cuando de superar al equipo contrario se trate. En La Liga y en Europa. Influyendo en cada rincón del campo, corriendo hacia delante o hacia atrás. Cuando todo fluye o cuando los problemas en el juego pudieran condenar a una derrota.

La depuración técnica en la gestión del primer pase continúa siendo su punto más débil.

El primer control y giro tras recibir un pase en salida de balón continúan siendo sus puntos a claramente mejorar. Los rivales en los últimos años han sido tan conscientes de ello que han centrado sus esfuerzos en la presión al 14, con la fundamentada idea de que era el punto débil sobre el que incidir para forzar una pérdida, teniendo en cuenta el talento para guardar la pelota que le rodea en las figuras de Toni Kroos, Luka Modric o Isco Alarcón. Casemiro en este apartado es donde más se aleja del mediocentro moderno encarnado en jugadores como Miralem Pjanic o Jorginho, que basan su juego en un pie muy preciso a la hora de la entrega y un cerebro privilegiado para gestionar una posesión y orientar un ataque. Las labores de dirección tienen otros protagonistas en el Real Madrid, y así seguirá siendo en virtud al tipo y a la amplia gama de centrocampistas que tiene y tendrá, pero la evolución del brasileño para ampliar sus prestaciones sí podría estar en relación con ese primer contacto con el balón, algo para lo que Zidane puede ser clave recordando su maestría en, para empezar la mejora, dominar el esférico desde el perfilamiento del cuerpo. Un cuerpo, el de Carlos Henrique, que domina como un titán el césped del Santiago Bernabéu.

Andrés Sánchez (@sancleracot)

Dean Mouhtaropoulos/ Getty Images

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