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Los primeros brochazos de Arteta en el Arsenal

Mikel Arteta y su primera aventura como primer entrenador estarán marcados por siempre por la nostalgia de un Arsenal campeón, del Arsenal de Los Invencibles, de la época de Arsène Wenger y de demasiados más matices. Su llegada ha coincidido con una racha terrible de resultados que el técnico vasco no ha conseguido remediar, al menos en sus primeros partidos al frente del equipo. Pero la ilusión gunner se mantiene intacta, puesto que Arteta está intentando implantar un estilo más acorde a lo que ha sido el Arsenal este siglo, tratando de dominar y atacar sin pudor. De esta manera, las tardes viendo al equipo han pasado de ser sufrimiento y agonía, a divertidas… aunque llenas de sufrimiento también.

La importancia de Torreira, Xhaka y Özil en la medular.

Una de las características que se le intuía a Mikel Arteta tras su paso por el City como ayudante de Pep Guardiola, era la de apostar por un centro del campo de calidad, propositivo, pero con músculo. Las comparaciones suelen ser odiosas, pero la labor de Fernandinho (cuando actuaba de pivote) se podría equiparar a la contundencia y equilibrio que aporta el suizo Granit Xhaka en esta nueva etapa gunner. A falta de organizadores del estilo de David Silva o Kevin De Bruyne que pudieran actuar de interiores, el técnico vasco ha optado por un doble pivote potente con el suizo acompañado por Lucas Torreira. El uruguayo no había terminado de asentarse desde su llegada a Londres, pero la confianza de Arteta en él como creador desde la base puede ayudarle en su adaptación total a la Premier, debido a que la potencia y contundencia ya la ha demostrado.

El perjudicado de esta decisión de Arteta es el francés Matteo Guendouzi, que, por el momento, se ha visto relegado a un segundo plano tras ser importante tanto con Unai Emery como con Fredrik Ljungberg. La pieza angular de un ataque como el que quiere Arteta, sin embargo, es Mesut Özil, que actúa por detrás del delantero centro, como encargado de generar ocasiones de gol con su indudable calidad. El alemán está mostrando una versión mucho mejor que la que llevaba ofreciendo en los últimos meses, acercándose a aportar lo que se presupone de una estrella como él. La actitud dominante del equipo de Arteta se está viendo desde el primer momento, poco a poco, pero la falta de fluidez en la asociación y en la búsqueda de ventajas deja claro que la nueva propuesta necesita tiempo.

La zaga es endeble con Emery, Ljunberg y Arteta.

Pero por muchos matices y mejoras que se puedan apreciar en el inicio de la etapa Arteta en el Emirates, la gran protagonista de cada partido gunner sigue siendo la defensa. Y no precisamente por su buen hacer. El fichaje de David Luiz en verano y la no incorporación inmediata del prometedor William Saliba, que está cedido en el Saint-Étienne siendo ya propiedad de los londinenses, no hacía esperar una defensa sólida en el Arsenal, y es exactamente lo que está ocurriendo. Más que el sistema defensivo en sí, que también, el problema del Arsenal en la zaga es el nivel individual. La falta de calidad defensiva en sus zagueros es alarmante y si se une a un estado de forma muy bajo de alguno de sus integrantes, a las lesiones de piezas clave y a la afición de David Luiz y Shkodran Mustafi por ir al límite en la mayoría de acciones, el resultado es evidentemente negativo.

Mikel Arteta es conocedor de la falta de solidez de su parte trasera y está intentando esconder los agujeros al máximo. Cuenta con hándicaps en forma de lesiones de Kieran Tierney y Sead Kolasinac, pero ha conseguido reducir en una cuantía considerable el número de disparos recibidos por partido del Arsenal, que era -y sigue siendo- dramático. Según datos ofrecidos por los compañeros de La Media Inglesa, el equipo de Arteta recibe 11,8 remates del rival por cada 90 minutos, cuando con Emery la cifra se elevaba hasta 15,8 y con Ljungberg era de 13,3. Sin embargo, el equilibrio parece ser el mejor con el actual técnico, puesto que a cambio de ofrecer más seguridad atrás no pierde mucho en creación arriba. Los gunners lanzan actualmente 11,3 disparos por encuentro, cuando con Emery eran 13,9 y con Ljungberg 10,8. Las cifras distan mucho de ser las adecuadas, pero se refleja una clara mejoría e intención por subsanar errores sin perder mordiente arriba.

Saka, Pépé y Martinelli se unen a la causa.

Una de las noticias más ilusionantes del nuevo Arsenal puede ser el impacto que están generando, cada vez mayor, el trío formado por Bukayo Saka, Nicolas Pépé y Gabriel Martinelli. El primero, extremo canterano recién emergido, ha pasado a ser lateral izquierdo ante las bajas de Sead Kolasinac y Kieran Tierney, caso similar al que afrontaron tanto Arteta como Pep en el City reajustando la posición de Zinchenko. El joven de ascendencia ghanesa está mostrando descaro y compromiso y está aportando mucho en ataque llegando hasta línea de fondo con muchísima facilidad e incluso marcando o asistiendo. Le falta pulir el aspecto físico para mejorar en contundencia atrás, algo comprensible dada su corta edad.

Por su parte, el astro marfileño está empezando a demostrar por fin la razón por la que el club londinense se dispuso a pagar 80 millones por él en verano. Escorado a la derecha normalmente, Pépé está siendo eléctrico en el ataque gunner, driblando defensas con mucha facilidad y asociándose cada vez más con sus compañeros de ataque. Su compatibilidad con Aubameyang y Lacazette puede significar dar un paso más para el Arsenal. Por último, la perla brasileña de 18 años Martinelli llegó entre dudas a Londres, pero ha demostrado que eran más por no conocerle que por sus capacidades. Relegado a jugar en las copas y en Europa League por su evidente competencia, Martinelli se ha destapado como un eminente goleador capaz de ofrecer soluciones como revulsivo y como titular. Su explosividad y olfato goleador dotan al equipo de un anotador suplente que es un lujo para Arteta. Además, ya le está probando tirado a la banda izquierda y está rindiendo bien. Mimbres tiene desde luego el técnico vasco para hacer florecer un sistema ofensivo temible en el continente mientras trata de minimizar al máximo posible las carencias defensivas de una plantilla que deberá reforzarse en verano. Arteta tendrá siempre las sombras de Pep y Arsène Wenger cerca, pero el tiempo dictará sentencia. Por ahora, promete.

Unai Valverde

Ben Stansall / AFP

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