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Francis Coquelin y el equilibrio

El Valencia de Celades está completando una temporada que se podría dibujar en dientes de sierra. El proyecto del barcelonés ha pasado por momentos muy álgidos, como la clasificación para octavos de la Liga de Campeones, y por instantes desquiciantes a nivel deportivo, como el severo correctivo que el equipo sufrió en Mallorca. Tras la victoria esta última jornada de La Liga ante el FC Barcelona, el conjunto del murciélago parece iniciar una nueva escalada hacia un vértice de euforia. Sin embargo, hay un componente dentro de su plantilla que no está siguiendo la misma evolución que el resto del equipo. Este jugador solo conoce la inclinación de una progresión positiva y del crecimiento en su peso específico dentro del equipo. Desde su llegada hace dos años, Francis Coquelin no ha parado de madurar hasta, a sus 28 años, ser uno de los fijos en el conjunto de Mestalla. Marcelino lo acunó y con él experimentó una gran mejoría, al igual que la importancia y el nivel de juego de Kondogbia decrecía. Eso le dio la oportunidad de demostrar que es el perfecto escudero para un Parejo que es el líder de este Valencia. Pese a que el término escudero siempre evoque mentalmente la palabra secundario, en este caso es totalmente distinto. Coquelin es un escudero con la capacidad de un primer espada sin el cual el Valencia suele naufragar en el centro del campo.

De mediocampo hacia arriba se ha convertido en uno de los principales baluartes a la hora de organizar al equipo con balón.

Avalado por el ojo de Arsène Wenger en el fútbol francés, Francis Coquelin llegó a los equipos juveniles del Arsenal. Después de una cesión en Francia, el jugador de Laval dio el salto al primer equipo gunner. Era el año 2011 y el Arsenal se encontraba sumido en una crisis identitaria importante, lo que ponía las cosas más difíciles a los jugadores recién llegados y necesitados de minutos. Coquelin experimentó dos cesiones más hasta que pudo concatenar varios años consecutivos en el Arsenal. Allí no encontró nunca su sitio, como muchos jugadores que pasaron por las filas del conjunto londinense durante esos años. En la propia plantilla valencianista encontramos otro ejemplo similar en Gabriel Paulista. El Valencia se lanzó a por su contratación en el mercado invernal de 2018 ya con Marcelino a los mandos de la nave che. El jugador galo cayó de pie en Mestalla. Desde el primer momento tuvo la confianza del entrenador, que le dio un rol importante nada más llegar. Se adaptó a todos los roles que tuvo que desempeñar hasta que, en su mejor momento de forma, una horrorosa ruptura del tendón de Aquiles le obligó a perderse lo que restaba de temporada. En su mejor momento.

Precisamente, si Francis Coquelin no ha tenido un mayor protagonismo en el Valencia desde su llegada ha sido debido a los imprevistos en forma de lesión, ya que su nivel dentro del campo siempre ha sido el suficiente para amarrar la titularidad y no soltarla en toda la temporada. Algo que habla bien de él y su compromiso con el equipo. Siendo un mediocentro con aptitudes bastante específicas al puesto, ha asumido el rol de desempeñar funciones cerca de la banda siempre que se le ha requerido. Y es que, la calidad técnico-táctica de este jugador no se demuestra en su juego como centrocampista, sino en cómo ha cumplido siempre que ha tenido que renunciar a su rol natural en el centro del campo. Después de cerrar una campaña 2018/2019 donde las lesiones le mermaron la participación con el equipo, en la presente temporada está recibiendo un mayor respeto por estas y, por ende, su papel dentro del campo se destaca sobremanera.  Su rol dentro del juego del equipo es capital. Encaramado en el doble pivote del 1-4-4-2 habitual del Valencia con Celades -y también con Marcelino- Coquelin se presta a todo tipo de esfuerzos, ya sean defensivos u ofensivos. Su gran sentido táctico asegura cierta solidez por dentro cuando el equipo trata de hacer su habitual repliegue en bloque bajo buscando un contragolpe. Además, su forma de entender el juego, nunca en discusión con la entrega, le hace ser muy solidario a la hora de bregar para robar el balón. A veces incluso en demasía.

Francis Coquelin es el perfecto escudero para un Parejo que es el líder de este Valencia.

Hasta aquí lo que podíamos presuponer de este jugador al llegar a Valencia, pero su crecimiento ha sido esplendoroso. De mediocampo hacia arriba se ha convertido en uno de los principales baluartes a la hora de organizar al equipo con balón. Salvando las distancias con Parejo en este sentido, Coquelin es uno de los jugadores que más criterio posee con el esférico en los pies de toda la plantilla valencianista. No rehúye para nada del riesgo a la hora de jugar un balón con criterio, ya que confía en su calidad a la hora de filtrar pases y entender el juego en la medular. Esto le hace ser importante un muchos puntos calientes del terreno de juego ya que, aunado a su buen trato de balón, su gran movilidad y capacidad física lo hacen tremendamente presente en el juego del conjunto de Celades. Eso sí, lo que nunca ha sido, tampoco lo es en Valencia. Su relación con el gol sigue siendo difícil, ya que con el conjunto che solo ha marcado un tanto desde su llegada. No es su cometido. No quiere líos. Su función es la que es y la ejecuta de forma inmejorable. En el último encuentro de La Liga, ante el FC Barcelona, el Valencia perdió a Parejo por sanción y Coquelin ocupó el puesto del de Coslada junto a Kondogbia y, fuera por lo que fuera, la ausencia del capitán valencianista no se notó. Si el equilibrio se sitúa en el sistema auditivo, Francis Coquelin es el oído de Mestalla.

Christian Sánchez de la Blanca Portillo (@delablanca10)

Richard Heathcote / Getty Images Sport

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