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Ben Arfa, un verso libre en Zorrilla

Hablar de Hatem Ben Arfa (Clamart, 1987), es hacerlo de un tipo de jugador que está en peligro de extinción. Su llegada a Valladolid ha supuesto un terremoto de emociones, en parte derivadas de la sorpresa de poder contar con un futbolista con su talento y en parte por las dudas acerca de su carácter y rendimiento. Lo que está claro es que, de cara a las urgencias que presenta este Real Valladolid, Ben Arfa ha llegado donde y cuando más se le necesitaba.

Abríamos con la idea del peligro de extinción porque es complejo encontrar en el fútbol actual un compendio de talento tan grande como el que se conoce que posee el franco-tunecino. Esa facilidad para encarar, retener la posesión o conducir, mientras el balón solo quiere estar con él es abrumadora y poco común. Además, no se queda en esa capacidad para el regate, pues es un jugador muy interesante para tejer jugadas ofensivas buscando el hueco y enlazando con los delanteros, así como probando suerte con el disparo de su zurda, bien a balón parado como en jugada.

Un Míchel desgastado, al que la inspiración se le va cayendo conforme pasan los minutos sobre el césped, parece poco argumento para la humilde ambición de quedarse un año más en La Liga.

Un futbolista que, solo por capacidad técnica, mejora con mucho la realidad actual de un Valladolid algo anodino a la hora de construir jugadas ofensivas. Un Míchel desgastado, al que la inspiración se le va cayendo conforme pasan los minutos sobre el césped, parece poco argumento para la humilde ambición de quedarse un año más en La Liga. Compartiendo zona o sustituyendo al ‘14’ blanquivioleta, Ben Arfa parece sumar enteros a esa capacidad de generar fútbol en la zona de tres cuartos.

En el campo y de inicio, se puede entender la posición de Ben Arfa tal y como se entiende la de Míchel, siendo un mediapunta más marcado que incluso puede llegar a jugar escorado a una banda (preferiblemente la derecha, a pie cambiado), pero que sumará, ante todo, en el carril central, como enlace entre mediocampo y delantera. Su rol, no obstante, es menos exigido a nivel defensivo, siendo este uno de los contras más evidentes de un futbolista como el francés, que suele reservar sus esfuerzos para la fase creativa del ataque. Como enlace con la delantera, su posición será cómoda y bastante libre para intentar hilvanar jugadas que puedan acabar certeramente en los pies de Guardiola o Ünal, delanteros más habituales en los esquemas más recientes de Sergio.

Como enlace con la delantera, su posición será cómoda y bastante libre para intentar hilvanar jugadas que puedan acabar certeramente en los pies de Guardiola o Ünal.

Es precisamente a Sergio González a quien la llegada del internacional francés (ha vestido quince veces la elástica bleu) le deja más trabajo y esperanza. Trabajo para convencer al jugador de los conceptos necesarios para que su talento ayude al bloque y pueda encajar en la idea global del equipo y esperanza porque, de funcionar, su Valladolid se asegura tener un recurso eficiente para ver el objetivo más cerca. Quedarse en La Liga se vende caro, pero los argumentos, si el nuevo ‘3’ del Pucela logra funcionar, cambian sustancialmente.

Un reto complejo el que encara el francés, llegando a un club como el Pucela, jugándoselo todo a la carta de convencer con su talento, ayudar en los objetivos y sentirse de nuevo futbolista tras una pausa demasiado larga en el dique seco, tras su salida en el verano de 2019 de la disciplina del Rennes, último equipo donde prestó servicio. A la afición ya la tiene de su parte, sabiendo que el clavo ardiendo al que la directiva, el cuerpo técnico y plantilla se sujetan es este, a pesar de las dudas que puedan surgir. Del compromiso y de la implicación de Ben Arfa en la lucha colectiva por el objetivo, depende el sueño de toda una ciudad.

Miguel Ruiz Ruiz

Damien Meyer / Getty Images

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