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Un Trigueros de vuelta

Javi Calleja dio a su primer Villarreal una identidad a través del balón configurada en un rombo característico en la medular. Rodrigo Hernández en la base, Samu Castillejo y Manu Trigueros en los interiores y Pablo Fornals en la mediapunta. El técnico alcalaíno conjuró un equipo que se juntaba desde el balón pero también a partir de la disposición de las piezas, con cuatro hombres por dentro, y se basaba en las incorporaciones de los laterales y los ataques al espacio de los delanteros para profundizar ese dominio interior.  Calleja tenía los actores y el guion para hacer la obra y funcionó. De las cenizas de aquel proyecto el Villarreal de este año, siendo diferente, pretende asemejarse a aquello que fue. Dos laterales profundos y delanteros al espacio, pero con un matiz que ya se verá si es momentáneo: no tiene el mismo poder y riqueza interior que antaño. Una esencia enfocada en los espacios más que en el balón.

Manu Trigueros formó parte del mejor Villarreal de los últimos años y ahora vuelve a ser una pieza trascendental.

Lo que sí que es cierto es que Manu Trigueros vuelve a sumar y eso es una muy buena noticia para Calleja. El equipo suma cuatro victorias en siete partidos de La Liga con él sobre el rectángulo y se encuentra a tres puntos de puestos europeos. El jugador de Talavera de la Reina ha pasado a ser un elemento contracultural en el esquema de Calleja, por eso de su difícil adaptación para encontrar su hueco en el once. Un perfil que se mueve por el balón en una estructura que lo hace por los espacios. Desde la diferencia, el mediocampista toledano aporta criterio en la distribución del balón, solidez en el pase en corto, agilidad en espacios reducidos y protección de la posesión. Oxígeno para un sistema vertical y en el que Santi Cazorla es una pieza esencial.

Trigueros es el mejor socio del asturiano con y sin balón. Su ratio de acción se minimiza en el medio cuando su homólogo posicional tiene más libertad para deslizarse por todo el ancho. Pues el ’14’ quiere relacionarse con el esférico y solo avanza a zona de mediapuntas cuando la jugada lo indica, no como hace el ‘8’, de un instinto más ofensivo, más capacitado para leer dónde lo necesita el equipo en ataque para a partir de ahí carburar. Esta situación posicional algo más limitada también descarga a Cazorla de tareas defensivas, menos predispuesto en el repliegue, como pudiera ocurrir también con la presencia de Zambo Anguissa, al que Trigueros por el momento parece haber dado relevo.

La sociedad Trigueros-Cazorla se entiende desde su faceta con balón y sin él.

El 1-4-1-4-1 ha calado positivamente en el conjunto groguet porque, como aquel rombo de hace dos años, ha permitido optimizar las capacidades de los mejores jugadores del plantel. Y también juntar dos piezas distintas a las intenciones de Calleja pero que son importantes para el octavo clasificado de La Liga. Un Villarreal más habituado a que sus centrales den más pases que sus centrocampistas, más regular en el pase en largo y el cambio de orientación que al envío en corto, pero que no por eso excluye tintes de clase combinativa en su esquema.

Pau de Castro

Carlos Costa / Getty Images

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