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Fede Valverde, hijo de Zidane

Zinedine Zidane nos ha acostumbrado a «lo imposible». Ha hecho del alambre su hogar, reconfortante y cálido. Donde unos arden, él se sienta y disfruta. Hace ya tiempo que las alineaciones, los cambios, todo, se fue torciendo en pro del técnico francés que, sin haber dicho que tenía razón, cada vez hace más visible que sí, la tenía, y otros muchos se equivocaban sin saberlo. El pasado sábado el derbi madrileño entre Real y Atlético, que distanció aun más sus posiciones en La Liga, fue el colofón perfecto de este resurgir lento y pastoso de un Real Madrid que ha encontrado en un invitado (in)esperado su tabla de salvación en horas bajas. Federico Valverde es la navaja suiza de este equipo.

El Real Madrid está siguiendo un camino parecido al que ya trazó en 2016 con la llegada de ZZ al banquillo madridista. Creciendo desde abajo, conociendo sus límites y su techo y, desde esta convicción, ir poniendo tocho sobre tocho para hacer más alto el muro. Sucede que, con Fede Valverde, los tochos van de cuatro en cuatro. El uruguayo es un cóctel temible de físico, lectura de juego y permeabilidad. De hecho no es exagerar si decimos que Valverde es la solución a un doble problema que atormentaba a los blancos desde ya la pasada temporada. Su físico, portentoso, es capaz de tapar cualquier intento de salida del rival. Lanzarlo a la presión es como soltar un bisonte en plena pradera; corre, embiste, transmite una sensación de superioridad bastante extraña. Eso permite que, gracias a su exuberancia, los otros acompañantes, ergo Toni Kroos, jueguen con mucha más libertad y, sobre todo, más tranquilos. Y desde la posición de interior diestro es capaz de sumar una profundidad muy necesaria; estira desde el desmarque, tiene el don de la puntualidad.

El doble cambio de Zidane en el descanso, con las entradas de Vinícius y Lucas Vázquez, le dio la libertad necesaria a Fede para hacer suyo el centro del campo.

Ante el Atlético de Madrid Fede partió desde una posición de «falso extremo», pinchado en la banda derecha. Desde ahí se le vio poco cómodo. Aunque siempre notable en su juego, no pudo sacar lo que lleva dentro, ese fuego que le empuja hacia arriba y le pide ritmo. Zidane le pidió pausa. Todo cambió tras el descanso, donde el 1-4-2-3-1 le liberó de cualquier atadura táctica y pasó a gobernar el centro del campo con puño de hierro. Su ímpetu no es el de un chaval desbocado, que es lo que le tocaría, sino el de un centrocampista kantesiano (si se me permite el término) con unos dotes técnicos que le permiten marcar diferencias en conducción y, también, «apareciendo». Porque lo bueno en Valverde, lo realmente diferencial, es que tiene una lectura de lo que pasa a su alrededor que es canela en rama. Entiende el «cuándo» y el «dónde». Ha estirado al equipo, que iba cortísimo arriba, desde sus diagonales en derecha, apareciendo como un falso extremo y, al segundo siguiente, ganar la segunda jugada en la frontal del área para, la jugada posterior, evitar un contragolpe. Fede está siendo omnipresente. Y en vez de suponer un techo para el equipo, está haciendo que este sea incluso más alto de lo que se imaginaba.

Ferland Mendy y Fede Valverde han revitalizado al Real Madrid. Lo han recosido. Ellos cierran heridas mientras otros, Karim Benzema/Vinícius Jr, ponen el colorido en el muro. Los números, siempre pretenciosos, no engañan en esta ocasión. Con estos dos bichos, el Real Madrid puede crecer tal y como Zidane quiere y, a expensas de Hazard, parece la opción más lógica y coherente. Pero la sensación con Fede es que ha pasado de parche a insustituible, porque tiene aquello de «hacer mejores a los otros». Y todo lo que sea potenciar a Toni Kroos es una noticia descomunal para este Real Madrid.

Zinedine Zidane nos la volvió a colar. Tras más de media temporada consumida lo de Fede ya no es ningún secreto, ninguna tapadura. Es una realidad. Lo siguiente es ver qué termina siendo este cóctel de virtudes tácticas y físicas que es a día de hoy el bisoño centrocampista uruguayo.

Albert Blaya

François Nel / Getty Images

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