Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Partidos

Rafinha fue cerebro y pulmón

Quien nunca haya visto un partido de fútbol y se guíe solo por lo estético y sensorial, no entenderá jamás que el Celta esté actualmente escapando de las llamas del descenso. El fútbol, a veces, es una broma de mal gusto que se nos escapa. La calidad no es nunca un ornamento, sino una herramienta, pero este deporte se niega a hacerla prevalecer como la dominante. No cuando vemos a un equipo con Iago Aspas, Rafinha y Denis Suárez anclado en un sitio que, por nivel, no le pertenece. El Santiago Bernabéu contempló, una noche más, algo que esta temporada es ya costumbre. Puntos que nunca deberían haberse escapado, huyendo espantadizos. Puntos que valen y deciden Ligas.

Fue un partido de los que redignifican La Liga y te obligan a estar pegado al televisor. Fútbol, talento y emoción. Tanto Real Madrid como Celta de Vigo llegaban al partido con urgencias numéricas y planteamientos que, en principio, deberían colisionar. De este choque solo ascendería una propuesta. Fue el Real quien, a través de un sector izquierdo dominante -como viene siendo costumbre desde hace ya mucho- condujo al Celta a jugar a 60 metros de Courtois. Marcelo (que si no tiene que mirar hacia atrás sigue haciendo pesar el talento por encima de todo lo demás), Kroos y Hazard son el triángulo de oro de este equipo. Son pausa y aceleración. Y ese es precisamente el problema. Que lo son «todo». Porque en banda derecha el Celta se podía permitir el lujo de mirar de reojo, sabiendo que Gareth Bale se ha olvidado de jugar y Carvajal solo centrando el peaje a pagar era relativamente bajo. 

El Real Madrid abusó del centro lateral en el primer tiempo, facilitando la tarea a los tres centrales.

Iago Aspas es un jugador al que el fútbol, en su raíz matemática, numérica, no le está haciendo justicia, pues Iago realmente es mucho más grande y bueno que lo que canta su cartilla. Jugador que tiene ya medio escudo a su nombre. Un pase tenso, vertical y afilado para dejar a Smolov delante de Courtois. El ruso ha venido a ser lo que el Toro Fernández no ha sido. Su definición no es la de un delantero que pelea por no bajar a los infiernos de Segunda División. El Celta, habiendo mostrado sus colmillos, fue capaz de marcar terreno ante un Real Madrid que, ayer, jugó sin un cuarto centrocampista para dar cabida a Benzema, Hazard y Bale. Un ataque que tiene mucha pólvora, pero mojada, porque la coexistencia entre ellos es improbable. El sector izquierdo es motor y lanzadera, pero si nadie ataca el lado débil  el plan carece de sentido. Todo nace y muere en el mismo sitio. Gareth Bale es, a día de hoy, un jugador mediocre con toques de súper clase. Pero solo eso, recuerdos fugaces que nos reconectan con lo que fue no hace tanto y ya no es.

El partido, para el Madrid, era complicado. Aidoo y Araujo estaban gobernando cada centro, expulsando los balones sin piedad. Hazard, aunque activo, no pudo girar la defensa y Karim sigue lejos del nivel de hace mes dos meses. Cada intento del Madrid moría en la paciencia de Rafinha Alcántara. El brasileño es un jugador superior, solo empequeñecido por el vaho ennegrecido de las lesiones. Cada vez que el Celta necesitaba aire, él fue su pulmón, cada vez que necesitaba pensar, él fue su cerebro. Jugó un partido impresionante en un contexto que le exigía mejorar cada pelota que le llegase, porque el Celta tuvo poco balón ayer.

Este es un Real Madrid que, sobre todo, se explica desde Casemiro y Fede Valverde. Y el charrúa lleva unas semanas con un par de marchas menos. Su hiperactividad, que tapaba tantas hectáreas antes señaladas como foco de peligro, ha ido reduciéndose. Y el Celta, que amontona calidad y recursos suficientes en el banquillo para dar la vuelta a cualquier partido, puso el cuero donde ni Casemiro ni Fede podían llegar. Tras el 2-1 se abrió una encrucijada en la que se les pedía a Zidane y a Óscar que actuasen. Sus decisiones, opuestas, terminaron marcando el devenir del partido. El Madrid, que exigía control, perdió a Kroos y «sacrificó» a Vinícius en derecha, sitio en el que el brasileño es un futbolista desdibujado y errático. Un periodo de veda en el que el Madrid pareció anestesiado. Los de Aspas, ya con Denis y Pione en el campo, demostraron el por qué este deporte es absurdo. A Suárez le bastó un toque de genio para dejar a Santi Mina delante de un punto que sabe a gloria para los vigueses.

La Liga no merece perder a Iago Aspas.

Albert Blaya Sensat

Ángel Martínez / Getty Images

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