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Sancho y Haaland sorprenden al PSG

La eliminatoria que enfrenta el Borussia Dortmund con el Paris Saint-Germain es una de las que integran los octavos de final de esta edición de la Champions League que más atractivo podrían tener para el espectador neutral. Dos conjuntos eminentemente ofensivos, con delanteros muy especiales con capacidad para inclinar de un lado cada choque y de hacer disfrutar a la grada al mismo tiempo. Probablemente desequilibrados en este punto y con respecto a su nivel defensivo, francamente menos efectivo tanto a nivel táctico como individual, algo que podría aumentar el espectáculo a través del intercambio de golpes. También había que tener en cuenta, por otra parte, que ambos técnicos podrían tratar de matizar sus planteamientos ligueros habituales con la intención de compensar sus sistemas en aras de entenderse mejor con esta peculiar competición. Pero, finalmente, solo uno consiguió sentirse cómodo sobre el verde del Signal Iduna Park.

El funcionamiento coral del BVB le hizo controlar el partido durante la mayor parte de los minutos.

Los de Lucien Favre jugaron siempre más juntos, con mayor solidaridad y con los caminos en ataque mejor marcados. La superioridad no fue abrumadora, algo esperable en cualquier dirección al comprobar que ambos conjuntos formaron con esquemas idénticos en la forma, lo que les hizo ejecutar cada fase del juego frente al espejo. Tres centrales, dos mediocentros, dos carrileros y tres delanteros de cada equipo tuvieron siempre delante a un rival, algo que supuso cierta rigidez y que exigía a cada pieza un plus desde lo individual. Fue el Borussia quien mejor entendió la circunstancia y el que consiguió un funcionamiento más coral. Cerró muy bien los espacios cuando el PSG manejaba la posesión y presionó tras pérdida cuando los franceses conseguían robar, contando con una implicación superior de sus delanteros con respecto a los de París, algo que inclinó la balanza y ayudó después a Jadon Sancho y Erling Braut Haaland a salir con la sensación palpable de haber sido los mejor jugadores del primer enfrentamiento.

Sancho fue un látigo constante para el PSG. Y ya no desde el puro dribbling, donde es uno de los mejores del mundo, sino desde la pausa. Jugó con la libertad que su técnico le pudo facilitar para que su creatividad pudiera dejar constancia, y se implicó sin descanso en la gestión de cada ataque. Buscaba el espacio para recibir y, cuando lo hacía, sacaba a relucir una variada paleta de recursos técnicos para hacer la diferencia en cada jugada mediante el desborde o el pase, sumando tres key passes a lo largo del partido, algo que solo pudo igualar el ’10’ brasileño del PSG. Y lo hizo desde las dos bandas, en las que se fue alternando con Thorgan Hazard y con el jovencísimo Giovanni Reyna. Desde la izquierda, donde probablemente su techo esté más alto, buscó continuamente la diagonal y estuvo cerca de conseguir marcar. Y desde la derecha volvió a construir una sociedad que raja con frecuencia y efectividad la defensa rival con un Achraf Hakimi al que solo le faltó acierto en el último gesto para incidir de manera directa en el marcador. Pero de eso ya se encargaba el gigante noruego.

Erling Haaland alcanzó ayer la cifra de 10 goles en Copa de Europa en tan solo 7 partidos. Y lo logró dejando una sensación visual de superioridad actual y potencial estimulante muy evidentes. Comenzó tímido, encajado entre los centrales del PSG, pero poco a poco fue entendiendo lo que su equipo necesitaba de él y lo fue realizando de forma cada vez más decisiva. Aunque fuera del área todavía le falta para constituir un plus, sí realizó algún apoyo y peleó varias recepciones en el juego directo. Sin balón, además, presionó bien la salida rival, con un despliegue físico imponente que impulsó su entrega para ensuciar el inicio de la jugada del PSG. Pero fue con pelota cuando resultó de verdad diferencial. Fue un peligro constante, sobre todo en la segunda parte, cuando pudo transitar con más espacio. Desbordó por pura potencia arrolladora y mostró lo rápido que arma la pierna cuando el balón se encuentra solo entre él y el portero rival. Sus dos goles, además, lo definen. Oportunismo y energía para buscar cada pelota que cae al área y contundencia feroz en el golpeo para dejar al portero sin opción de intervenir.

En ataque, el PSG no encontró continuidad ni desde lo individual ni desde un plan previo bien trazado.

Si los Sancho, Hakimi o Haaland se fueron soltando y terminaron por encontrar espacios en ataque, los delanteros del PSG nunca repitieron movimientos que pudieran darle continuidad en campo rival. Neymar y Mbappé apenas conectaron entre sí, algo que de ocurrir les puede acercar de forma casi radical a la victoria, como se vio en el gol que deja cierta satisfacción al final del choque para el cuadro galo. Pero que, en su ausencia, y ante el claro déficit de plan ofensivo, les deja planos y sin filo. El talentoso francés no supo jugar de espaldas sin espacios, algo que hace tiempo que vamos intuyendo que le puede costar en ciertos escenarios, y que solo en alguna ocasión puntual intentó remediar alejándose de los centrales borussers. El brasileño se mostró falto de ritmo, con menos chispa de lo habitual, aunque sí lo intentó en multitud de ocasiones recibiendo al pie y por dentro y tratando de ser él quien girara la defensa contraria. Apenas contó ni con compañeros por delante que le devolvieran una buena pared ni con presencia exterior de unos carrileros que no lograron darle anchura al sistema.

Contra el orden y claridad de ideas de los locales solo pudo pelear un Marco Verratti que se entregó sobre el campo. Defensivamente fue un titán, con ocho balones recuperados. Y en fase ofensiva fue el que más consciencia de los problemas de su equipo estaba teniendo y, a partir de este entendimiento de la situación, trató de articular una buena salida de balón que pudiera dar ventaja primero a Neymar y a partir de ahí a todo el equipo. Un equipo parisino que lo echará en falta en el partido de vuelta en el que no podrá estar el italiano para controlar primero y superar después al competitivo equipo que Favre ha construido para esta fase de la competición y que ha demostrado tener colmillo suficiente para hacer mucho daño en el Parque de los Príncipes.

Andrés Sánchez (@sancleracot)

Lars Baron / Getty Images

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