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Creer y trabajar

Cuando se habla del Getafe se suele disparar con cierta mala baba. Se suelen comparar estilos, escuelas, creencias, dogmas, resultados y argumentos de distinta índole tratando de enfrentar ideas, como si no se pudiera convivir con todas. Es extraño verlo, en una época en la que se observa que creer y trabajar es la vía en la que todas las ideas suelen tener efecto. Un punto común. No flaquear. No desistir. Creer y trabajar.

Enmarcados en esa máxima, los de Pepe Bordalás saltaron al césped del Coliseum Alfonso Pérez en este duelo de Europa League con la necesidad de sacar todo su arsenal ante el último semifinalista de la Champions League. El año pasado, el Ajax plantaba cara a Bayern, Real Madrid, Juventus y Tottenham Hotspur, aunque acabaron doblegados por los ingleses. Un equipo que desde su idea de juego, aderezada por algunos de los grandes nuevos talentos del fútbol neerlandés (De Jong, van de Beek, De Ligt…) al lado de los Tadic, Onana o Tagliafico, sorprendieron al mundo en la 2018/19.

El Ajax no estuvo cómodo ni un minuto. A pesar de sus intentonas, la salida de balón era un infierno en el que Bruno Varela desistía una y otra vez.

Con ese recuerdo en la mente, los once jugadores de Bordalás sabían que el Getafe podía dar un golpe sobre la mesa en esta Europa League si conseguían domar a la fiera de Ámsterdam. Y no es para menos. Su capacidad para secar el juego de los neerlandeses y obligarlos a desistir de uno de sus pilares, sacar el balón desde la portería, propuso un escenario distinto en el que el Ajax se veía obligado a bailar en un terreno pantanoso al que no están acostumbrados.

Más allá de los goles de Deyverson y Kenedy, el Getafe supo creer en su idea, conservarla y trabajar para que no se les escapara la ventaja. Con un esfuerzo portentoso de un bloque fuerte, que se asienta en la presión alta pero que pasa también por saber en qué contextos de juego se sienten más cómodos, son capaces de ser mejores que el rival y lo que es más complejo: crear el escenario en el que todo eso sea posible.

El Ajax no estuvo cómodo ni un minuto. A pesar de sus intentonas, la salida de balón era un infierno en el que Bruno Varela desistía una y otra vez rifando la oportunidad del conjunto ajacied de generar superioridades con la movilidad de sus jugadores. Con el balón en posesión, apenas podían intentar trazar pases diagonales hacia Traoré, que acababan en los pies de un hoy incombustible Djené, o tratar de dotar de balones a la creatividad de un Ziyech apático, errático y agotado por el agobio al que le tenían sometido.

Bordalás demuestra en la Europa League lo que hace cada semana en La Liga: este Getafe tiene hambre, está dispuesto a más, contra cualquiera.

El Getafe supo armar una estrategia desde su idea, jugando unas cartas que podían funcionar como vienen funcionando en La Liga, donde sigue siendo revelación. Bordalás demuestra en la Europa League lo que hace cada semana en España: este Getafe tiene hambre, está dispuesto a más, contra cualquiera. Y con otra estrategia, esta vez a balón parado, otro de sus puntos fuertes, llegaría el gol. Un gol que fue más que abrir el marcador. Era el mordisco final. El que llevaba un veneno letal. El que confirmaba que la idea funciona. La prueba para que el resto del partido nadie pudiera dejar de creer. El resto, por similar, solo son minutos en los que la película se desarrolla como quiere Bordalás. Hasta que un latigazo de Kenedy marcó el final del cuento.

¿Dónde dejamos entonces el debate de la idea? El Getafe fue capaz, desde la suya, de doblegar la del rival. Y es en ese marco de partido en el que todo cobra sentido para que una plantilla de nivel mundial y contrastada pueda ser derrotada por el trabajo del equipo azulón. Es probable que, de persistir esta idea, hablemos en el futuro de este Getafe como hablamos hoy del Ajax del año pasado. Y lo haremos gracias a una idea en la que el trabajo y la creencia lo hicieron posible.

Miguel Ruiz

Javier Soriano / AFP

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