Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Vinícius y Mariano festejando un gol del Real Madrid
Partidos

Nadie les esperaba

La historia traicionó al Real Madrid en Copa de Europa, pero el fútbol le devolvió el favor para acariciar una Liga que ha menospreciado durante los últimos años. Zinedine Zidane siempre se ha adecuado a la filosofía blanca: el ganar sin saber por qué. Hay un punto de irracionalidad que siempre vence del lado del Madrid. Una mano repleta de cartas con las que no juega, sino que, simplemente, va levantando de una en una. Y esta vez aparecieron las caras de Vinícius Junior y Mariano. Porque, si existe algún guionista, es caprichoso y fetichista y nos demuestra, una y otra vez, que la razón es tan solo cuestión de perspectiva.

Los partidos con lluvia nos trasladan a escenarios poco parecidos al Santiago Bernabéu. Cercanos al amateurismo, al far west del balompié. Madrid y Barcelona fueron algo de lo que, año a año, se han ido alejando. El nivel ha menguado porque algunos protagonistas han desaparecido y otros, simplemente, han ido dejándose vencer por el tiempo, el verdadero y vil ganador. El Barça se vio reflejado en el Bernabéu el pasado miércoles. Todo parece cerca, pero la realidad nunca estuvo tan lejos.

La mejor apuesta del Madrid llegó en forma de presión.

El Real Madrid hizo la primera apuesta en el inicio del encuentro y tras del descanso. En forma de presión, los de Zidane preguntaban el punto de madurez en el que está el Barça de Quique Setién. La respuesta blaugrana contenía un nuevo interrogante y la planteaba Ter Stegen. El dilema de la presión sobre alemán tuvo una -repetida- respuesta equivocada, pero la insistencia blanca terminó por romper la cadena de construcción culé. Jugó como líbero cuando le flotaron y la soltó como un mediocentro cuando le presionaron. Por otro lado, tampoco Sergio Busquets vaciló con el vacío, con un error que le habría empujado precipicio abajo. Aun con la mejor cara de dos de los pilares de la fase de creación inicial, al Barcelona le costó instalarse en territorio blanco.

La presión del Real Madrid duró algo más de media hora, porque todo lo bonito tiene fin. Aun así, volvió más fuerte en la segunda mitad. Y lo hizo para dejar sin capacidad de respuesta a los de Setién. El Barcelona había tenido un tramo de control del balón, un proceso de hipnosis con mucho de Arthur Melo y muy poco de Frenkie De Jong. El brasileño no tuvo miedo a domar el balón en el Bernabéu, sin embargo, el holandés volvió a ver el esférico a demasiada distancia, lejos del engranaje, con ojos nostálgicos. Entre ambos, un Arturo Vidal difícil de discernir, con movimientos como consecuencia de los de un Leo Messi incapaz. El chileno, como el Barça, desapareció tras el descanso.

Fede Valverde se ha ganado instalarse entre los centrocampistas más diferenciales.

El centro del campo del Real Madrid jugó la misma carta. Casemiro barrió y el regreso de Toni Kroos al once aumentó el sinsentido de quedarse fuera en Europa. Fede Valverde, parásito que parecía haber sido desterrado con la plebe, se ganó ser considerado como uno más en la élite. Se presentó en banda derecha para acomodar en defensa a Dani Carvajal y pelear con Jordi Alba en ataque. La lluvia le sentó bien porque bajar al barro nunca fue un problema para él.

El Bernabéu rugió cuando Marcelo lanzó un grito al cielo tras ganarle una carrera a Messi. Quién sabe si esta fue su última gran ofrenda al estadio blanco. El fútbol no siempre le entendió como lo que es: un fino estilista bohemio no siempre comprometido con sus clientes. En un fútbol corto de memoria, aferrado al presente y con una perspectiva de futuro que muchas veces termina por hacer desvanecer el pasado, Marcelo sobrevivió al relato.

La segunda mitad empezó como la primera, aunque esta vez la réplica del Barça no llegó. Gerard Piqué se dedicó a salvar los faroles del ataque, multiplicándose -también- para hacer frente a las carencias de Nélson Semedo y Samuel Umtiti, pese a la insistencia de Setién de recuperarle. El Madrid tomó más riesgos que el Barcelona: apostó por una presión al hombre por todo el campo que inmovilizó al equipo como conjunto y a sus piezas más capaces para resolver el enigma.

Entre aroma a nostalgia y ganas de conmover, emergieron los héroes del Clásico.

Martin Braithwate opositó a ser el héroe del Clásico, pero el fútbol, pese a que le ofreció una oportunidad, rechazó su candidatura. El plan que jamás falla “es no tener absolutamente ningún plan”, lo explica Kim en Parásitos. Lo interiorizó y lo desarrolla Vinícius en cada conducción con fin en el área. Llegar es su razón de ser, pero también su zona de efervescencia, de descomposición. Con la ilusión de un niño y la voluntad de conmover, el brasileño, por primera vez, tuvo ese toque de suerte necesario para no morir una noche más, sino para erigirse y tocar el cielo.

El Barça lucha contra la memoria. Y ve cercanos los tonos que tuvo y que hace apenas unos días derrotaron al Madrid en su torneo. Sin embargo, ahora se maneja entre oscuros que emanan nostalgia y no sabe si reconstruir o derruir, desconoce el camino. Los héroes no desaparecen como las cucarachas cuando se enciende la luz, tampoco lo hacían cuando los focos no les apuntaban. Son personajes a los que la historia no espera y tiende a detestar, a esconder de los libros. Vinícius, vulgarizado en tantas ocasiones, golpeó en el mejor escenario, Mariano se burló del relato. El Real Madrid fueron ellos, aunque nadie les esperaba.

Jordi Cardero

Gonzalo Arroyo Moreno / Getty Images

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