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Fútbol en torno al balón

Odegaard e Isak celebran el pase de la Real Sociedad ante el Mirandés
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Rumbo a La Cartuja

La Real Sociedad es finalista de la Copa del Rey 32 años después. El espíritu de aquel equipo histórico e inolvidable comandado por los Arconada, Satrustegi, Zamora y compañía se pudo ver en el partido de vuelta de semifinales disputado en Anduva. El equipo dirigido por un muy acertado Imanol Alguacil dominó el encuentro desde la inteligencia táctica habiendo aprendido la lección de todos los Primera que cayeron anteriormente en ese estadio. Willian José, Adnan Januzaj y Robin Le Normand brillaron y Mikel Oyarzabal fusiló desde los once metros para poner a la Real Sociedad rumbo a la final de La Cartuja del próximo 18 de abril.

El partido fue distinto a lo que suele habituar la Real. A sabiendas de lo que la grada de Miranda de Ebro aprieta y el planteamiento de juego que ofrecen en su feudo los de Andoni Iraola, Imanol Alguacil optó por no arriesgar de más en salida de balón. Intentaba salir, pero trataba de no dar demasiados pases horizontales, teniendo en cuenta que ni Aritz Elustondo ni Le Normand a pierna cambiada son expertos en sacar el balón jugado, y que tampoco estaba Ander Guevara por delante de pivote, sino Igor Zubeldia. Esto sorprendió a los locales, que preparaban una presión asfixiante y tuvieron que lidiar con otra virtud del equipo donostiarra: el poderío aéreo de Mikel Merino y Willian José. Ambos jugadores ganaron casi la totalidad de las disputas, anulando a Jon Guridi y Malsa, y alejando al equipo local cada vez más del área de la Real.

Willian José y Januzaj sorprenden y brillan en su vuelta al once.

La Real no planteó el partido como suele ser habitual, pero sí lo controló y generó bastante peligro arriba. El mérito fue, en gran parte, de las dos sorpresas del once: Willian José y Januzaj, que dejaron en el banquillo a Portu y Alexander Isak, pero que fueron de los mejores del partido. El brasileño, que tras estar más fuera que dentro en el mercado invernal había sido relegado a un segundo plano y no estaba ofreciendo su mejor versión, dio una exhibición académica de cómo jugar como referencia en un partido así y recordó al espectador que sigue siendo un delantero dominador en ese aspecto. Controló sin piedad a los dos centrales del Mirandés Odei Onaindia y Sergio González tanto por bajo, protegiendo el esférico y desahogando el juego en múltiples ocasiones, como por alto, peinando buenos balones para que Merino, Januzaj, Martin Ødegaard y Oyarzabal hicieran daño en las caídas.

El belga también fue diferencial sobre el césped de Anduva, pese al tremendo trabajo que realizó Franqueso en el lateral izquierdo. La Real no tuvo tantos desmarques de ruptura debido a que ni Portu ni Isak estaban sobre el verde, pero Januzaj no tuvo ningún reparo en pedir constantemente el balón y crear algo en cada una de sus apariciones, ya fuera un regate, una conducción diagonal, provocar un córner o simplemente incertidumbre en la zaga rival. El extremo derecho también llegó con fuerza al remate en el segundo palo en varias ocasiones, obligando a su par y al portero local a intervenir. En una de sus inteligentes acciones llegó la jugada del penalti. Oyarzabal lo convirtió en gol, empezando a postularse como uno de los mejores lanzadores de penas máximas del panorama futbolístico, manteniendo el 100% de acierto.

Lucha a tumba abierta entre Matheus y la dupla Aritz-Le Normand.

La otra gran clave del encuentro estuvo en el otro lado del terreno de juego. El delantero Matheus Aias, segundo máximo goleador de la Copa del Rey y uno de los futbolistas más determinantes de esta edición, planteó desde el minuto uno una guerra a tumba abierta contra los dos centrales realistas. La Real estaba bastante adelantada en bloque y los zagueros locales no dudaban en lanzar balones largos al espacio, buscando superar la línea defensiva realista y obligarles a correr hacia atrás. En estos envíos se vieron los duelos más destacados del partido, con un Le Normand muy seguro que no concedió ni lo más mínimo al delantero brasileño.

Elustondo, sin embargo, sufrió más, especialmente en la primera parte, para colocarse bien y afrontar con garantías los duelos. El brasileño le buscó más a él viendo que era algo más frágil y por su zona el Mirandés generó una sensación de peligro mayor. Más allá de eso, Matheus no consiguió sacar petróleo e Iraola trató de arroparlo con varios jugadores de ataque para intentar superar el muro realista mediada la segunda mitad bajo la necesidad de anotar dos tantos para equilibrar la histórica eliminatoria. Marcos André primero y Mario Barco después trataron de acercarse en el marcador global del cruce, pero curiosamente la zaga txuri urdin sufrió menos ante los tres puntas que ante Matheus solo. Esta medida del Mirandés tuvo un daño colateral: la menor incidencia de Martín Merquelanz en el juego burgalés, pasando desapercibido en esas segundas jugadas tan importantes para los de Iraola. Solo en las jugadas a balón parado pudo marcar diferencias con su buen pie zurdo. El Mirandés apretó, pero la Real jugó con la ventaja de manera muy solvente y será justo finalista de esta Copa del Rey. Honores al equipo de Anduva, que ha cuajado una sobresaliente competición una vez más, siendo en buena medida el equipo de -casi- todos en esta renovada Copa.

Unai Valverde

Juan Manuel Serrano Arce / Getty Images

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