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Marcos Llorente: llegar, esperar y vencer

Ni un segundo dejó de oírse el “You´ll never walk alone” en los pocos minutos que tuvieron los técnicos para dar indicaciones en el cambio de campo del intermedio de la prórroga. Los últimos quince minutos iban a comenzar y el Liverpool empataba a dos goles en Anfield ante el Atlético de Madrid. Ambos tantos, sorprendentemente, fueron obra del mismo jugador. Un jugador que, hasta el comienzo de este partido, había disputado esta temporada menos de mil minutos entre las cuatro competiciones en las que se había enfundado la camiseta rojiblanca. Marcos Llorente se convertía, en el mágico estadio inglés, en el héroe inesperado de una noche épica para los colchoneros.

Era el minuto 56 de juego, Diego Pablo Simeone movía por primera vez el banquillo para sacar del campo a Diego Costa. Ya había un héroe sobre el césped, Jan Oblak, que había conseguido minimizar daños en una primera parte de vendaval local. Sus intervenciones, desde el inicio, parecían asegurar que de erigirse un ídolo en este duelo sería él. Pero en ese minuto 56, Marcos Llorente saltaba al campo para discutirle la posición de MVP colchonero al meta. En un cambio que buscaba dar consistencia al mediocampo y reforzar las ayudas, primero a Trippier y luego, aunque más liberado, a Vrsaljko. Fue en ese escenario, con el lateral croata ya en el campo, cuando el centrocampista madrileño cortó ciertas cadenas y comenzó a sumarse con cierta frecuencia a las opciones del Atlético de Madrid en el ataque.

No acusó la falta de minutos Llorente cuando en el minuto 97, solo 41 después de haber ingresado en el partido y tan solo tres minutos después del segundo gol del Liverpool, recibió un buen balón de João Felix para aprovecharse de su buen disparo lejano. Adrián San Miguel cometió un error grave en salida de balón que dejó de cara al portugués que cedería con mucha inteligencia un balón que Llorente definiría a la perfección.

Un Marcos Llorente que no solo ayudó a nivel de estructura y consistencia durante el partido, sino que fue básico para hacer creer al Atlético de Madrid.

Un error que abrió una grieta y que ya colocaba al Atlético de Madrid en los cuartos de final. Pero el cuento siguió. Y una nueva contra del equipo colchonero la finalizó de manera ejemplar, de nuevo, Marcos Llorente, con la pierna derecha, buscando el mismo poste que le sirvió para poner el dos a uno y firmar el dos a dos. La historia, como sabemos, acababa ahí, a pesar de que el resultado lo rubricara finalmente Morata, en otra jugada rápida, para poner el dos goles a tres del marcador final. El Atlético parecía conseguir lo que tantos nos habíamos empeñado en considerar imposible: eliminar al vigente campeón ganándole en Anfield.

Futbolista de pie fino, el trabajo de Marcos Llorente como pivote en la medular siempre encajó con la idea de Simeone en este Atlético de Madrid, además de poder sumarle calidad constructiva a un ritmo alto, tras la salida de Rodri rumbo a la Premier League. Todo sobre un guion esperado que no acabó de cumplirse y que varió en pos de las decisiones del ‘Cholo’ que elegía dibujos que no acogían su figura o prefería a otros en su lugar.

Un Marcos Llorente que no solo ayudó a nivel de estructura y consistencia durante el partido, sino que fue básico para hacer creer al Atlético de Madrid, ser certero y conseguir, en una actuación memorable, escribir su nombre en letras mayúsculas en la historia del club colchonero. Aun saliendo en el minuto 56 y aun no siendo el jugador clave que todos esperábamos al verlo fichar por el Atleti. Al final del partido, los abrazos de Simeone con todos y cada uno de los jugadores, la alegría de una afición que no supo hasta ayer que podría ver al equipo, la rabia de Morata, la sonrisa de Koke, la mueca tranquila de Oblak… todo eso hizo que cada minuto de espera, de sufrimiento fuera del equipo o como suplente mereciera la pena. Marcos Llorente llegó, esperó y triunfó.

Miguel Ruiz

Julian Finney / Getty Images

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