Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Jugadores

Convertirse en recuerdo

Con el paso de los años, la repetición de las rutinas se convierte en tradición. Incluso en reglas no escritas veneradas por unos cuantos fieles. Cada domingo, decenas de personas se juntan en el Mercat de Sant Antoni de Barcelona para intercambiar cromos. Los niños que sueñan con el de su jugador favorito o aquellos que les quedan para completar el álbum, también los mayores y los coleccionistas. El falti, tengui o repeti varía dependiendo de la zona, pero los años construyeron una jerga propia en torno a los cromos.

Los futbolistas cada vez están más cerca de convertirse en esos tipos de cambio. Forman parte de un mazo que pasa de mano en mano en busca de un nuevo dueño. Apenas hay piezas indispensables en un engranaje que no está dispuesto a dejar de rodar. El fútbol europeo se acerca peligrosamente a la NBA como forma de entender un negocio, donde los sentimientos ya no trascienden. El año pasado, Harrison Barnes, entonces jugador de los Dallas Mavericks, fue sustituido en pleno partido. La razón: acababa de ser traspasado a los Sacramento Kings. Sin preguntar ni preguntarse si era el momento adecuado.

El Real Madrid ha vulgarizado tener a James en su plantilla.

James Rodríguez está acercándose peligrosamente al paradigma del ser prescindible. La explosión de muchos futbolistas, en algunas ocasiones, viene propiciada por dar el salto en un gran torneo. Para James no fue menos. Y el escenario fue el ideal: la Copa del Mundo del 2014. El colombiano fue Bota de Oro y dejó goles tan bellos como el que le marcó a Uruguay. Los mediapuntas de alma libre -como también lo es Mesut Özilsiempre han sido unas de las piezas más incomprendidas del mundo del fútbol. Cuando los caminos no llegan hasta ellos, el terreno de juego se va haciendo cada vez más pequeño, engulléndoles lentamente. El problema llega cuando las críticas ya no corresponden a los conceptos -asiduamente mal empleados- de intensidad o garra. Son otro idioma, aunque cuando la técnica y la cabeza fallan, quedan en nada.

En los primeros pasos con Zinedine Zidane, James chocaba con el tridente formado por Karim Benzema, Gareth Bale y Cristiano Ronaldo. Tenía esa pizca de imaginación -y finalización- desde unos metros más atrás que cualquier delantero agradece y necesita. El paso al lado, al Bayern de Munich, se pudo entender como el paso necesario para volver ser el de antes.

Tras el regreso al Santiago Bernabéu, James es más recuerdo que presente. Por contexto táctico, el colombiano tiene, sobre el papel, la posibilidad de ocupar zonas que le permitan ser determinante. Con Toni Kroos y Casemiro cerca de la base de la jugada, que depende de los movimientos del alemán, el interior derecho gana vuelo. Aunque, como a Zidane, se ha querido matar muchas veces a su Madrid, la prueba de que resiste es la permanencia de ese centro del campo, acompañado aún -con un rol distinto- de Luka Modric.

Fede Valverde, como todocampista, le ha ganado la batalla a James.

Durante esta temporada, sin tiempo para esperar a Bale y reconstruir, Zidane ha encontrado en Rodrygo el mejor comodín en banda derecha. En la izquierda, sin embargo, pese al intercambio de miradas entre el mismo Rodrygo, Vinícius e incluso Isco, el papel tiene nombres y apellidos que espera y esperará el tiempo que haga falta: Eden Hazard. Con un extremo derecho ofreciendo amplitud, el interior del mismo lado ha ido evolucionando al modelo todocampismo, con Frenkie De Jong y Donny Van de Beek como máximos exponentes la temporada pasada. En este aspecto, y pese a sus diferenciados perfiles, Fede Valverde le ha ganado a James, minuto a minuto, rango en el equipo.

El centrocampista –todocampistaes pura esencia uruguaya, no le importa bajar al barro y hacer el trabajo sucio, pero siempre le distingue un punto de elegancia. Un recorrido mayor al de Modric, que va asumiendo el paso de los años, y una llegada desde segunda línea diferencial. El aparecer, aún no estar presente, el factor sorpresa en el que James no se siente tan cómodo, porque prefiere esperar al momento adecuado agazapado, entre líneas.

Pero el fútbol ni espera ni avisa. Como explicó Mikel Oyarzabal a Panenka, “Somos un producto y en el momento que este envejece, se rompe o no sirve, se borra y se compra uno nuevo”. James es un cromo que hemos naturalizado hasta el punto de que el Madrid ha sido capaz de convertirle en un futbolista de segunda fila, que podría desaparecer del mazo en cualquier momento. Ya no es solo un mal rendimiento puntual o una mala temporada, es el miedo a convertirse en, únicamente, un recuerdo.

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