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Simonsen, genio a la sombra de un dios

Cuando era pequeño me gustaba interesarme por las historias más rebuscadas. Es extraño porque no nací en una sociedad en la que ya se usaba internet con facilidad, como la actual, por lo que acostumbraba a preguntar por todo lo random que me venía a la cabeza. Ya fuera sobre un barco, un país, una palabra o una marca de coche. Todo me impresionaba y me hacía indagar. En esa época menos conectada con el conocimiento desarrollé la gran habilidad de leer y preguntar. De investigar desde cero, sin saber si encontraría respuesta. En ese escenario, que sigo practicando, di con Allan Simonsen.

En un FC Barcelona anterior a las grandes glorias de los años recientes, Maradona llegaba a la Ciudad Condal para ser Maradona. Se esperaba mucho ya de un jugador que aún no había mostrado sus mejores armas con Argentina pero que sí había mostrado razones para que cualquier gran equipo se arriesgara a traerlo desde el otro lado del océano. Ese ‘10’ llegado de Buenos Aires copaba las portadas de diarios, tertulias y expertos, mientras otro ’10’, Simonsen, recibía la noticia de que debería tomar un avión o acostumbrarse al banquillo. Natural de Dinamarca, de una pequeña ciudad llamada Vejle, Allan Simonsen había llegado al Barcelona en 1979 para ser el eje ofensivo del equipo azulgrana, dejándola poco después de la llegada de «El Diego».

Allan Simonsen fue Balón de Oro en 1977 y sigue siendo el único jugador escandinavo en lograrlo.

Hacía dos años que había ganado el Balón de Oro, el único jugador procedente de países escandinavos en hacerse con ese galardón. En ese final de los setenta era uno de los grandes activos en el fútbol mundial, habiendo acumulado a la hora de firmar con el Barcelona tres ensaladeras de la Bundesliga y dos títulos de la Copa de la UEFA con el Borussia Mönchengladbach. Un genio de 1,65 metros especializado en la gestión del juego ofensivo, con un gran último pase y con velocidad, agilidad y técnica para ser dominante en el fútbol de la época. Un jugador de ensueño, dotado de una calidad desbordante en un cuerpo minúsculo con pelo rubio y cara aniñada.

En el Barcelona, apenas dos títulos dieron sentido a la estancia de Simonet, como lo llamaba la prensa, consiguiendo la Copa del Rey en la temporada 80/81 y la celebrada Recopa del año siguiente. Esta última, con Udo Lattek en el banquillo y marcando y sirviendo asistencia a Quini en la final. Esa Recopa ante el Standard de Lieja sería el último trofeo europeo del Barcelona hasta la llegada de Cruyff. Simonsen, el último héroe culé en Europa, recorrió los campos del fútbol inglés jugando una temporada discreta en el Charlton Athletic y cerrando su carrera en el equipo de su ciudad natal once años después de haberlo dejado para ir al Gladbach.

Tres de los cinco títulos nacionales del Velje BK fueron con Simonsen en sus filas, así como todos los títulos europeos del Gladbach, siendo esencial para entender su época más gloriosa. También con Dinamarca, con cincuenta y cinco participaciones en su haber, logró ser mundialista con su país por vez primera, llegando a octavos de final, donde la España de Miguel Muñoz le mandaría a casa con una inesperada goleada en la que no jugaría ni un minuto. Precisamente en México 1986, donde Diego Armando Maradona, el ‘10’ que lo “empujó” a salir del Barcelona, se haría eterno.

Miguel Ruiz

Allsport / Getty Images

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