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El éxito de la unión

Cualquier conflicto político que establezca fronteras será un foco problemático a medio o largo plazo. Esta afirmación se ha podido ratificar con la arbitraria división que las grandes potencias colonizadoras hicieron en África. Como si de trozos de tarta se tratasen, el continente africano quedó dividido sin tener en cuenta ninguna cuestión tribal ni de respeto de comunidades. Por supuesto no se conocía, ni se pretendía conocer, el establecimiento tribal de las múltiples comunidades y tribus de todo el continente. El ansia de poder, de conquista y de ser poseedor de más territorios que el vecino ha provocado, y sigue provocando, una cadena de muertes de complicada detención. En gran parte, la Segunda Guerra Mundial nacida como respuesta a la política expansionista del Tercer Reich surgió por la creencia nazi de fronteras mal trazadas y población mal organizada. Todo lo que tapaba un ansia de conquista que, de nuevo, volvería a estrellarse en la tundra rusa. Otro ejemplo es la Guerra Fría. Los países vencedores se dividieron Alemania y Berlín como en la época colonizadora se había dividido África. A partir de ahí, el mundo se dividió en dos bloques que solo el deporte fue capaz de “unir” entre 1956 y 1964. Durante esos 8 años, Alemania se presentó a los Juegos Olímpicos con un equipo de deportistas unificado, sin hacer distinción entre la parte Federal y la Democrática.

En los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 el Equipo Alemán Unificado consiguió la primera medalla olímpica en fútbol para el país germano.

Desde la derrota del Tercer Reich en 1945 hasta el año 1961, la ciudad de Berlín fue evolucionando mientras innumerables sucesos que marcaron la Guerra Fría iban entrando en escena. La muerte de Stalin, la inocua Guerra de Corea, la respuesta con el Pacto de Varsovia a la OTAN, la Crisis de Suez y el inicio de la carrera espacial fueron vertebrando un ambiente muy específico. Las artificiales fronteras en Alemania y Berlín entre un lado y otro del telón de acero facilitaban en cierto modo las cosas a la hora de pasar de un lado hacia otro. Esto se veía acrecentado sobre todo en el caso de Berlín. Desde los años 50, el bloque soviético trató de frenar agresivamente los movimientos migratorios de la parte oriental a la occidental en la actual capital alemana. A principios de los sesenta, una gran parte de población activa había migrado a la parte capitalista de Berlín, por lo que la capital de la RDA continuaba en plena pérdida económica y social. Para evitar ese flujo migratorio y la libre circulación entre las dos zonas berlinesas la URSS ordenó el levantamiento de un muro de cemento y alambre que iría evolucionando con en el tiempo. El Muro de Berlín no evitó que el equipo olímpico que la RDA y la RFA acudiese unificado en un Equipo Alemán Unificado a los Juegos Olímpicos de 1956, 1960 y 1964.

El fútbol no había sido un deporte en el que la selección de la República Democrática Alemana hubiera destacado desde su concepción. No así su homólogo en el oeste, que durante la división del territorio germano se hizo con tres campeonatos del mundo, entre otros muchos éxitos. La selección de la RDA no consiguió acceder a ninguna de las Eurocopas que se celebraron mientras esta nación artificial se mantuvo viva. Solo logró el acceso a una Copa del Mundo. La selección de la Alemania Oriental estuvo presente en el Mundial de Alemania 1974. La casualidad hizo que el único Mundial que la nación soviética disputó fuera en territorio vecino y, para más inri, quedaran encuadradas en el mismo grupo. El morboso enfrentamiento se resolvió con victoria de la RDA que quedaría apeada de la lucha por el título en la segunda fase. El panorama competitivo tanto en Mundiales como en Eurocopas era muy escaso para la selección alemana de la parte soviética. Sin embargo, en la competición de fútbol de los Juegos Olímpicos sí tuvo sus momentos de gloria. Una gloria olímpica que, en un principio, llegó a la vez para la RDA y para la RFA.

El Equipo Alemán Unificado que se presentó a las JJOO de 1956 y 1960 no destacó, pero sí lo hizo en su último año de unificación. En los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 el Equipo Alemán Unificado consiguió la primera medalla olímpica en fútbol para el país germano. Nunca antes los alemanes habían conseguido traer de vuelta metal alguno de los Juegos Olímpicos, pese a haber destacado en competiciones más exigentes como Mundiales o Eurocopas. Hay que matizar que en lo que se refiere al fútbol olímpico los equipos que se presentaran no podían ser selecciones absolutas. La lucha por la distinción clara de la Copa Jules Rimet de la época y la competición de fútbol de los Juegos Olímpicos ya se había desatado en aquellos años. El Equipo Alemán Unificado no presentó muchos problemas para superar un grupo formado por Irán, Rumanía y México. Las dos primeras selecciones de cada grupo se clasificaban para acabar con ocho y comenzar la fase final a partir de cuartos de final.

Yugoslavia fue el rival al que Alemania tuvo que hacer frente en esa ronda y con un gol en el primer minuto de juego accedió a semifinales cerrando el encuentro con 0-1. Tras haber dado cuenta de la selección local, Checoslovaquia se plantó en semifinales y consiguió remontar el gol alemán de la primera parte. El oro y la plata se alejaron de las aspiraciones del Equipo Alemán Unificado, pero aún quedaba luchar por un bronce con sabor a oro ante Egipto o, como se le conocía entre los años 1958 y 1971, República Árabe Unida. Un contundente 3-1 materializó la primera medalla olímpica en fútbol para la nación alemana la cual era conseguida por el Equipo Alemán Unificado tres años después de que la división alemana se hiciera palpable con la construcción del Muro de Berlín.

La selección de la RDA no consiguió acceder a ninguna Eurocopa y solo participó en el Mundial de Alemania 1974.

La selección dirigida por Károly Soós participó con una medalla de bronce en un medallero alemán que reflejó 50 metales en Tokio 1964. En los siguientes Juegos Olímpicos, donde la RDA y la RFA volvieron a actuar por separado, la selección encuadrada en el bloque soviético tuvo mejor suerte. La selección de la Alemania Oriental obtuvo un cuarto puesto en los Juegos de 1972, pero ganó el oro en 1976. En Montreal se deshizo de la URSS en semifinales e hizo lo propio con Polonia en la final. Esa selección dejó por el camino a la selección de una Unión Soviética que vería su final a comienzos de los años 90. Una separación de países que coincidió con la unión de una Alemania que, más allá de éxitos mundiales y olímpicos, consiguió su mayor triunfo el 16 de noviembre de 1989 borrando del mapa una frontera que nunca debió haber existido.

Christian Sánchez

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