Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Isco Alarcón, futbolista del Real Madrid
Jugadores

La crisis de los 28

Los futbolistas de primerísimo nivel, la élite más absoluta, tiene unos tiempos que nada tienen que ver con los nuestros. Las crisis, por ejemplo. Las de los 30, la de los 40, la de los 50. Tantas como uno quiera, pero en los futbolistas hay una especialmente sensible que en cierto modo sirve de balanza -un tanto injusta he de decir-. Tenemos la necesidad de medir y valorar a los jugadores cuando llegan a los 28 porque se acercan a su etapa de maduración máxima, aún sin haberla rebasado del todo, y ya tenemos un bagaje suficiente con el que medir sus derrotas y sus triunfos. Isco Alarcón cumplió esta semana 28 años. Y, ahora que no tenemos fútbol, me pregunto: ¿Es Isco lo que pensamos que sería a esta edad?

Para empezar he de decir que la pregunta tiene un reverso malicioso, no lo escondo, pero así debe ser. Para cada uno Isco será una cosa distinta, pocos futbolistas generan tanto debate como el andaluz. Alarcón es un futbolista que ha logrado ser la pieza más desequilibrante del mejor Real Madrid del último lustro. No el mejor, ojo, sino el más desequilibrante. Zinedine Zidane creó toda una estructura, el famoso y particular rombo, en el que Isco era el interrogante al que ningún rival sabía dar respuesta. Logró ser el verso libre en una estructura que aglutinó cotas de talento absolutamente obscenas con Kroos, Modric, Benzema, Marcelo y Cristiano Ronaldo. Isco fue la trampa. 

Isco es un futbolista especial. Un jugón. Lo que en el patio se conoce como «un chupón» de toda la vida. Isco quiere la pelota, la necesita. En su idiosincrasia futbolística hay algo que lo incita y lo empuja siempre a buscar el cuero, a moverse mucho. Isco tiene una condición de indetectable, de casi fantasma, que lo hace muy difícil de minimizar. En la temporada 2016/2017, cuando Isco tenía 24 años, el malagueño firmó su mejor año como madridista. No solo en lo numérico (10 goles y 8 asistencias en Liga), sino a nivel jerárquico, de peso individual en el colectivo. Isco fue lo que habíamos soñado que sería a una edad que asustaba. En aquella temporada estuvo a un nivel altísimo y Cardiff fue su redención. En la final ante la Juventus, Zidane no puso a Gareth Bale en el XI, titular en las dos últimas finales de Champions League, y Alarcón se marcó uno de los mejores partidos que ha jugado en el Real Madrid. Logró resquebrajar el bloque mega sólido de una Juve que venía siendo un equipo al que era imposible meterle mano. Isco, jugando de Isco, moviéndose y generando dudas, fue tejiendo caminos seguros en los que el Madrid pudiera avanzar.

Isco necesita sentirse importante. Sentir que manda. Que el partido es suyo. Es un jugador, en este sentido, muy ligado a la parte emocional. Necesita unas condiciones básicas para que su fútbol entre en combustión. Y esto, en el Real Madrid, es difícil de sostener. Isco ha sido un futbolista ciclotímico incluso dentro de un mismo partido, muy irregular en su juego y en sus apariciones. Y es que, probablemente, muchos imaginábamos que su versión de la 16/17 había venido para quedarse para siempre. Y, entre unas cosas y otras, Isco ha recorrido un camino de luces y sombras.

El Mundial de 2018 debió pesar muchísimo en el malagueño. Se generaron muchísimos debates sobre su figura durante aquellos días. ¿Podía ser la estrella de la Selección? Con 26 años debía asumir un reto irreal. La gente le exigía que al futbolista de las tres Copas de Europa consecutivas que luciese lo que, en 2017, mostró como algo, ahora sí, sólido, para siempre. España, un combinado con muchas carencias, muy -demasiado- plano, sufrió la durísima eliminación ante Rusia con un Isco señalado. Y lo que estaba por venir sería algo mucho peor. Tras un inicio brillante con Lopetegui, Isco pasó al ostracismo más absoluto con Santiago Solari. El que había sido la ventaja táctica en el mejor Madrid de los últimos años quedó como un jugador de segunda, reducido a una caricatura de sí mismo. Cuando jugaba se le veía lento. Pero si algo tiene el malagueño es una personalidad apabullante, nunca se esconde. Aun estando mal la pedía, intentaba desequilibrar. Pero con un físico mermado no hacía sino empeorar las cosas.

¿Isco fue causa o consecuencia en aquel Real Madrid? Zidane tuvo que crear una posición específica para el malagueño, pero más que una posición fue un rol: Isco ejercía de generador de ventajas, de luciérnaga cuando no había más luz que la suya. Con Cristiano siendo el Monstruo del Área y Benzema allanándole el camino, dos laterales hiper productivos y la CMK siendo el sostén del equipo. Un entramado táctico en el que Isco fue la figura extraña, pero necesaria. El equipo fue cambiando, se fue Cristiano y como todo momento de inspiración, pasó. Porque aquel Real era un equipo en una inspiración sostenida.

A sus 28 años el bagaje futbolístico de Isco es impresionante. Jugador capital en las Champions del Real Madrid. ¿Cómo es posible que haya dudas con él? Porque su talento es generacional y, precisamente por esto, lo imaginaba a sus 28 años siendo lo que fue con 24 de forma sostenida. Quizás es pedir demasiado e Isco sea justo lo que nos ha enseñado. Pero las expectativas me empujan a imaginarme una versión superior, no superior, sino continuada, sostenida en el tiempo. Que Isco sea el de 2017 todos los días. A los 28 años «nacieron» Xavi y Luka Modric, veremos si Isco ya rompió definitivamente el cascarón o aún le quedan secretos que enseñar. Pero no tengo dudas de que si Isco se retirase hoy se le recordaría como uno de los mejores futbolistas españoles de la década.

Albert Blaya Sensat

Aitor Alcalde / Getty Images

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