Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Pep Guardiola y la evolución del 4-3-3
Análisis táctico

Una evolución del 4-3-3

El fútbol cambia. Cambia mucho con el paso del tiempo. Y este proceso también se puede ver en los sistemas que se utilizan sobre el campo. El 1-4-3-3, el famoso sistema que ha hecho a equipos como el FC Barcelona tan grande, es fruto de esta evolución. Un sistema para ganar amplitud, buena salida de balón, buena circulación y llegadas muy positivas al área contraria. Mejor dicho, un sistema para poder dominar más y mejor. Pero, con el comportamiento sobre el campo de determinados jugadores y el rol de estos, el 1-4-3-3, a corto-medio plazo, puede llegar a sufrir una evolución más que evidente hacia el 1-4-2-3-1.

Esta evolución se centra mucho en los interiores.

Lo vemos en la Real Sociedad, por ejemplo. Un centrocampista baja hasta la base de la jugada junto al pivote y el otro, a diferente altura, espera entre líneas como si de un mediapunta se tratara. El rol de Odegaard y Merino es un claro ejemplo de esto. Están en diferentes zonas del campo, con una ocupación de espacios más que notable y, por ende, dificultando la presión del rival y a su vez facilitándola, en cierto modo. No añades otro jugador adversario a la presión y sumas una pieza más entre líneas para progresar después.

Esto trata de los comportamientos sobre el campo que tengan los centrocampistas. Los interiores, más concretamente. Sucede, a día de hoy, en distintos equipos del panorama europeo, como el Manchester City de Pep Guardiola y el rol que adoptan Gündogan -más en la base- y Kevin De Bruyne -más arriba- junto a Rodri en el centro del campo. En el actual FC Barcelona de Setién pocas veces ambos interiores han estado a la misma altura. Sobre todo en salida de balón. Es Frenkie De Jong quien ha partido en posiciones más adelantadas en la mayoría de partidos, mientras el otro interior acompañaba más a Busquets en la base de la jugada, función que solían acometer Rakitic o Arthur. El caso de Arturo Vidal es cierto que merece un asterisco a esta ecuación, empujando a Frenkie a participar un poco más abajo. Aunque en el Barça influya -especialmente- el factor Leo Messi.

En el filial del equipo azulgrana, esta variante también se puede apreciar. En Segunda División B, ante defensas que suelen replegar mucho en campo propio, el rol de Riqui Puig y Monchu es muy importante. Por ejemplo, el primero ante el filial del Levante actuó más de mediapunta que de interior mientras que el otro interior -Monchu- participaba más en la base de la jugada junto a Jandro Orellana.

¿Un 1-4-2-3-1 con el ‘último Messi’?

Se está hablando mucho del ‘último Messi’, de cómo el FC Barcelona debe afrontar, en cuanto a sistema y plantilla, los últimos años del argentino. Y no podemos pasar por alto esta variante del sistema. El 1-4-2-3-1 con Messi siendo el interior más ‘mediapunta’ con dos centrocampistas a su espalda y un delantero centro referencia + dos extremos abiertos. Un contexto que podría ser clave para el rosarino.

El 1-4-2-3-1 es un sistema que se está implantando cada vez más para adaptarse a según qué contexto se encuentren los equipos. Un dibujo para potenciar jugadores clave y aspectos del juego muy importantes. Desde la salida de balón, a la transición ofensiva y al juego posicional en campo rival. Sin olvidar, además, la buena presión tras pérdida que se ejecuta con una buena ocupación de espacios. Dicho sistema también permite implantar variantes a tener en cuenta; con extremos interiorizados y laterales profundos, o a la inversa; por ejemplo. No hay que pasar por alto nada referente a este esquema, porque puede ser un dibujo táctico importante en los próximos años. El 1-4-2-3-1 es la evolución del 1-4-3-3, o eso se puede ir viendo en muchos equipos. Un gran debate.

Albert Quera

Gareth Copley / Getty Images

¡Comenta!