Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Johan Cruyff
Reportajes

Querido Johan

Escribir en muchos casos es evadirnos de parte de la carga que tenemos sobre nuestros hombros. Quizá sea algo necesario para que entendamos mejor que tenemos que tomarnos un poco más de calma en nuestras vidas y hacer mejor aquello que decidamos hacer. No lo descarto. Sobre todo, en estos tiempos de confinamiento que nos ha tocado vivir. El caso es que estoy escribiendo para recordar a una figura que siempre tuvo en la cabeza eso de hacer bien, o al menos a su modo, las cosas. Hoy, 25 de abril de 2020, Johan Cruyff habría cumplido 73 años.

El otro día, viendo algunas anotaciones, me encontraba de frente con la figura de Osvaldo Zubeldía gracias a la pista de un buen compañero. Un entrenador argentino que revolucionó el juego en los años 60 y que abrió escuela con un método de juego poco común y del que bebieron grandes jugadores y técnicos como Michels, Verón (padre) o Bilardo. Leyendo sobre su figura, que sobre todo destacó en Estudiantes de la Plata, encontré una anécdota genial que hablaba de cómo se tomaba este entrenador el juego. En una estación llena de gente, junto a sus jugadores, les pidió que miraran alrededor y vieran cómo hombres y mujeres eran esclavos del reloj y de los madrugones para coger el tren que los llevaría a sus lugares de trabajo. Les hacía ver de esa manera que el fútbol podía convertirse en su vida y que, de no hacerlo en serio, era esa existencia de agobios la que les esperaba. Esa escena me dejó ver lo importante que es la perspectiva. Poder saber qué hacemos y por qué lo hacemos.

Nacido un 25 de abril de 1947, Johan Cruyff nos dejó el 24 de marzo de 2016.

Ese pensamiento y esa anécdota me trasladó de inmediato a ese vestuario en el que Johan Cruyff animó a los jugadores a salir y disfrutar. Quizá no solo con esas palabras, como alguna vez me confesó Eusebio, pero sí con ese mensaje. Un mensaje de hacer lo que amamos con la vista puesta en que quizá no podamos repetirlo. En aprovechar las cosas como nos vienen, aunque deseemos llegar a otra parte. Es cuestión de perspectiva y, por qué no, de paciencia. Esa final de la Copa de Europa seguro que puso en ese momento y estado mental a más de uno. Al primero, a Johan.

Como entrenador era su primer reto como encargado de dirigir a un equipo en una final de esa magnitud, pero no se puede decir que no tuviera experiencia. Desde luego, el aval de haber ganado ese título en tres ocasiones como jugador (en el 71, en el 72 y en el 73, con el Ajax) demostraba que su hambre y que su experiencia sí podían ser referencia para un vestuario con ganas de ser historia en el Barcelona. Supongo que Cruyff era eso: referencia. También era muchas otras cosas, pero su halo de calidad y de mito trascendía lo que podía aportar como entrenador desde el punto de vista práctico.

Quizá mi meta profesional fuera él, como lo fue para muchos en diferentes ámbitos: en el campo de juego, en la banda o incluso en la vida…

Peco poco de idolatrar y crear mitos a los que seguir, porque creo que hay una línea muy fina entre la persona exitosa o famosa y la que le sigue en las redes sociales. Creo que todos somos mucho más parecidos de lo que parecemos y de cómo nos comportamos y creo que todos necesitaríamos saberlo, pero eso es otro tema. La única persona que me motivaba para conseguir algún día poder escribir o grabar una entrevista cara a cara era Cruyff. Tenía una aureola difícil de explicar y con la que creo que no habría sabido reprimir mis nervios. No soy yo mucho de mitos, pero con Johan hubiera sido distinto, estoy seguro.

La muerte me arrebató esa posibilidad. Y suena frívolo decir que me dolió por eso, porque además no fue así. O al menos en su totalidad. Quizá mi meta profesional fuera él, como lo fue para muchos en diferentes ámbitos: en el campo de juego, en la banda o incluso en la vida. Recuerdo una columna de su hijo Jordi en la que hablaba precisamente de ese talante que poseía. Tras haberse realizado unas pruebas relacionadas con el cáncer llegó a casa radiante, feliz. Su familia, al preguntarle por los resultados, se sorprendió por su forma de decirles, con una sonrisa, que tenía un nuevo tumor. Lo veía positivo porque estaban a tiempo de sofocar sus efectos y curarse. Así era él, como decía en esa nota su propio hijo. Y así nos gustaría ser a todos un poco.

Johan Cruyff nos enseñó muchas cosas en el fútbol. Pero también en la vida y hasta en la muerte. Quizá por eso, sin saberlo, era distinto. Quizá por eso, en mi interior, creo que mis piernas temblarían al tenerlo delante, mientras que no acertaría a colocar el móvil para grabar la conversación, ni sabría reaccionar si me lanzara una de sus bromas. Seguramente seguiría nervioso. Seguramente seguiría impresionado. Hoy, lo sigo estando ante la idea de una entrevista que ya jamás haré. Quizá lo bueno, como nos enseñó Zubeldía en la anécdota de la estación, es mirarlo con perspectiva. Quizá lo importante sea simplemente valorar todo lo que me enseñó, incluso sin llegar siquiera a conocerle.

Miguel Ruiz

Shaun Botterill / Allsport

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