Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Dani Alves y Neymar Jr, evidencias de la evolución de laterales y extremos.
Análisis táctico

La evolución posicional del fútbol

El confinamiento, el aislamiento o la cuarentena -como quieran llamarlo- ha generado una serie de debates interesantes en el mundo fútbol. Entre todas me quedaría con la que se refiere a la evolución del juego y de las posiciones. Y no hablo de la comparación del fútbol moderno con respecto al de hace treinta años, sino de periodos de una década o década y media atrás.

Vi por ejemplo al Barcelona de Pep en la final frente a Estudiantes de la Plata y aquel clásico ante el Real Madrid en el Bernabéu con un Henry sobresaliente y un Xavi en modo semidios. Lo primero que se me vino a la mente fue: cómo extraña el Barcelona a Dani Alves. Pero después pensé: es que ha cambiado todo.

La altura de los interiores, la posición de los delanteros, el peso de los laterales; todo cambió. Imploro que se incluya en este apartado la forma de competir.

Más velocidad, menos espacios y la necesidad de carriles

El fútbol ha evolucionado en tiempo, espacio, táctica y rapidez. ¿Por qué la línea de tres se ha empezado a implementar mucho más en equipos de menor o mediano presupuesto y por qué los grandes también la replican entre sus variantes? La respuesta es por necesidad. En el deporte rey cada vez vemos menos el prototipo de jugador desequilibrante con balón al pie, cada vez se destila menos el rol del enganche; y, en detrimento de estas figuras, surgen el espacio, los sistemas y la adaptabilidad. Como paradigma, los carriles, que quedan a tiempo completo para unos laterales cada vez más evolucionados, más completos.  

Y no solo se destaca a los carrileros en banda, sino que también comienzan a pisar los pasillos interiores. Los equipos condesan el juego en el medio, buscando dominar, presionar e imponerse en ese sector del campo para posteriormente liberar hacia los costados con jugadores siempre libres, fijadores y profundos. El rol de los laterales también influye en los carriles interiores y de ahí surge el término que va cobrando fuerza de los “Lateriores”.  

¿Cuáles se me vienen a la mente? En la Premier hay unos cuantos: Liverpool, Leicester, Wolverhampton e incluso el Manchester City por grandes periodos con Pep al mando. En Italia, Conte con el Inter y anteriormente, con Eusebio Di Franceso, la Roma. Ahora, en cierta forma, la Atalanta. Y cómo olvidarnos de la Lazio. En Francia también son varios los conjuntos que implementan línea de tres como punto de partida otorgándole un peso especial a sus carrileros. En Alemania encontramos el caso del Dortmund… y tantos otros ejemplos que, sin utilizar la línea de tres, han cambiado incluso la disposición de los “extremos” o interiores para adecuarse un poco más a los nuevos tiempos. Entonces me surge la pregunta: ¿Eficiencia o supervivencia?

Alas en vez de extremos

Lo cierto es que los equipos, en cierta forma, han dejado un poco de lado la figura del extremo para tener “alas” que hagan despegar al equipo. Priorizando la estructura y el sistema. En el Leicester de Rodgers, por citar un ejemplo, el progreso de su juego depende mucho de Chilwell y Pereira. El Liverpool de Klopp, inclusive, implementa una figura piramidal invertida: 2-3-5 con balón. Centrales ganando mucha altura, tres mediocampistas versátiles encargados de abarcar mucho terreno (con especial atención a las espaldas de los laterales), Firmino flotando por todo el frente (el delantero menos delantero del mundo); Salah y Mané entre central y lateral y Robertson y Arnold ampliando el terreno.  

Pero claro, estos son dos casos de éxito, pero propongo darle una mirada al equipo que, quizás, sea el que menos ha evolucionado en esa dirección: el FC Barcelona. Cada vez más dependiente en ataque de lo que puedan ingeniarse sus figuras de forma individual y cada vez menos suficientes al momento de encontrar mecanismos y caminos para funcionar a través del balón.  

Piensen, además de la conexión Messi – Suárez, ¿cuál es la ruta que más ha explotado Messi tras la partida de Neymar? La de Jordi Alba. Es decir, prácticamente desde que Neymar se fue, el Barcelona ha jugado sin un jugador en la izquierda del ataque con la capacidad de desbordar en posición fija. Hasta un punto tal de dejarle ese carril a Jordi Alba para que sea explotado en situación ofensiva.  

¿El problema? La falta de sorpresa y de recursos. Es por ello que, cuando Ousmane Dembélé estuvo a un nivel físico óptimo –que fue poquísimo tiempo–, el Barcelona era un equipo totalmente distinto al habitual. Y es por ello que irrupciones como la de Ansu Fati terminan generando un hype atípico en un chico que es brutalmente bueno, pero que se le está cargando una mochila bastante pesada en su corto tiempo en la élite.  

A ello también hay que sumarle el fracaso de fichajes como el de Philippe Coutinho, buscando sustituir a Neymar con plus de desequilibrio asociativo desde la izquierda con un perfil de jugador completamente distinto.

¿La escasez influye en la necesidad colectiva?

Podemos ver cómo la figura del extremo empieza a olvidarse, quizás en favor del colectivo o tal vez porque están escaseando. O por qué no, un poco de ambas cosas. Incluso hemos visto la evolución de jugadores que empezaron su carrera de la banda y centralizaron su posición. No por decisión técnica, sino por mero desarrollo futbolístico. Neymar es el caso más emblemático, pero por detrás hay una larga lista. Por citar otro ejemplo, el Papu Gómez, que pasó de ser un picante extremo a un jugador total en la Atalanta. Un generador de fútbol y jugada desde la zona central de primer nivel.  

Los roles y movimientos del 1-4-3-3 o del 1-4-4-2 ya no son iguales con referencia a diez años atrás. El primero, en la década precedente, tenía dos extremos puros siempre fijando al lateral del equipo contrario. El segundo, dos volantes ofensivos con mucho ida y vuelta por las bandas. Pienso en 1-4-4-2 y automáticamente en selecciones altamente competitivas como Uruguay o Paraguay.  

Ahora la primera variante tiene a delanteros que atacan el espacio entre el lateral y el central y no necesariamente parten desde la banda, que ahora es del lateral -y no del extremo-. La segunda, casi en vía de extinción –aunque en Sudamérica se sigue implementando mucho–, pero también está en constante actualización; es decir, no es el clásico 1-4-4-2. Por ejemplo, la posición media de esos dos volantes es mucho más centralizada y las bandas son de los laterales que es, sin lugar a dudas, la posición que más ha evolucionado los últimos veinte años junto a la del portero.

Equipos que lograron una combinación idónea

Quizás el equipo más completo, y que ha generado un mix entre el fútbol actual y el de hace diez años atrás, es el Flamengo de Jorge Jesús. Último campeón de Copa Libertadores y que puso contra las cuerdas al Liverpool de Klopp en la final del Mundial de Clubes. ¿Dónde reside la clave de su éxito? En ese mix de peso entre laterales–extremos y roles centrales. Un equipo muy posicional, pero respetando la cuota de talento sin priorizar el sistema. ¿O acaso el talento es la parte esencial de ese sistema? Otra interpretación que se alza mientras escribo.  

Ejemplo: Filipe Luis y Bruno Henrique (o Arrascaeta en su defecto) en la izquierda; o el eje Gerson y Arao en el medio.  

El peso de los laterales de este equipo no era tanto por su progreso en las bandas sino por los pasillos interiores del campo con su capacidad asociativa y de compresión del juego. Rafinha y Filipe son un lujo en esta parte del mundo. De ahí la importancia que al menos uno de los volantes o alguno de los delanteros estuviera fijando en la banda para mantener ocupado al lateral rival y ponerlo mano a mano contra su marca. Aquí, ya en zona de impacto o tres cuartos de campo, los jugadores tienen que sacar a relucir su cuota de talento y capacidad de desequilibrio.   

El River de Marcelo Gallardo no se queda atrás. La plasticidad táctica de este equipo le ha permitido desarrollar distintos sistemas de juego, pero sin perder jamás una identidad. Si vamos a los roles de cada jugador, encontramos a un equipo que tiene un peso importante en sus laterales para progresar en el campo; pero que también tiene una fuerte dependencia de la capacidad de desequilibrio y generación de sus volantes, en especial de Fernández. Explicado esto, no es casualidad que hoy por hoy River y Flamengo sean los equipos que mejor funcionan en Sudamérica. A la espera de ver cómo evoluciona el Boca de Russo, que tampoco pinta nada mal.  

Por cierto, River es uno de los equipos que todavía no defenestra la figura del enganche con Juanfer Quintero. Punto importante porque el equipo no cambia su forma de jugar o su esencia de atacar con el colombiano en el césped. Sí varían los detalles y las posiciones, pero la forma se mantiene.  

Y si vamos al caso de Europa, el técnico que mejor entendió y puso en práctica el plus que te da la cuota de talento en un sistema es Erik Ten Hag con su maravilloso Ajax. Un equipo neerlandés que, a diferencia de los que muchos denotan, era un equipo sin posiciones o, mejor dicho, sin roles fijos y sí muchos movimientos. El equilibrio idóneo entre automatismos generados a base trabajo y libertad para no cohibir el talento. Se ganaba tiempo y espacio por sistema, como en el fútbol actual, y por la requerida cuota de talento que ahora muchos imploran.  

Un equipo que está mejor aceitado en cuanto a sistema y que tiene una de las mejores pizarras del mundo es el Inter de Conte, pero la pizca de talento que sí tienen Juventus y Lazio les ha impedido seguirles el ritmo a los dos punteros del Calcio.  

Cayendo un poco en contradicción, me gustaría poner el ejemplo de cómo Pep “sacrificó” a Henry en favor del colectivo. Pero también quiero destacar algo: si bien se puso al francés en una zona donde incidía menos, Henry jamás dejó de tener influencia o se limitó su capacidad de producción a punta de talento. Incluso creció en otros apartados, al igual que David Villa en aquel Barcelona. Ahora se está limitando al jugador en favor del sistema, pero sin darse cuenta que esto afecta no solo al futbolista, sino también al propio colectivo.  

La figura del extremo parece que sigue el mismo camino del enganche, pero, a diferencia de muchos, creo que jamás desaparecerán o quedarán en desuso. De hecho, la misma necesidad de ruptura de sistemas, de desequilibrio, de generar mediante el uno contra uno hará que el rol se mantenga.  

De igual forma, predecir que ocurrirá en el fútbol y su evolución, es como predicarles a las paredes en pleno confinamiento qué sistema político funciona mejor. Es un delirio. Al final, el juego siempre te da dos bofetadas de realidad y te pone en tu lugar por atrevido. Pero será interesante saber qué ocurrirá de aquí a unos pocos años.

Emmanuel Rondón

Yann Coatsaliou / AFP

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