Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Manuel Neuer, paradigma de la evolución del portero moderno.
Análisis táctico

El portero como hombre orquesta

No es lo mismo ver parar a René Higuita que a Lev Yashin. Igual que ver a Oliver Kahn mandando o ver a Rogerio Ceni chutando una falta y anotando un gol. Igual que la posición de centrocampista, la portería da cabida a una gran amalgama de perfiles de arqueros. El ver un tipo de portero u otro depende, en gran medida, de la geografía: no es lo mismo el desarrollo, entrenamiento y refuerzo de aspectos básicos en la escuela de de un país africano que de uno escandinavo. Esa forma de concebir la demarcación de guardameta que hay en la actualidad no es la misma que en la génesis de este deporte. La propia evolución del reglamento ha ido marcando la evolución de los estilos y esquemas de juego en general y de la portería en particular.

Para establecer un inicio de la función del portero en el fútbol hay que remontarse a la segunda mitad del siglo XIX. Es en esos años de exportación de un deporte que comenzaba a tomar forma cuando se instaura una demarcación en la que el balón se podrá coger con las manos dentro de una zona claramente delimitada. Es así como nace ese primer esbozo de portero que nada que ver tiene con lo que hoy entendemos por la posición. La llegada del sentido táctico con la ley de fuera de juego promulgada en 1866 estableció una mayor dedicación defensiva con el auge de la primera formación que se hizo “global”, el 1-2-3-5, por lo que los guardametas tuvieron que cambiar su forma de jugar.

El portero actual no está concebido para ser un muro, sino para pensar, reaccionar y ejecutar en un marco de máxima exposición.

Sin embargo, más la tuvieron que cambiar cuando en 1925 se volvió a cambiar la norma del fuera de juego a la que hoy en día tenemos. El portero tenía una mayor posibilidad de enfrentarse a una situación límite si sus defensores no conseguían tirar bien la línea del fuera de juego, por lo que, paulatinamente, el portero tuvo que acostumbrarse a medir, interpretar y anticipar. Por último, la norma que más ha cambiado la posición en los últimos 30 años es la de cesión al portero. La gran cantidad de tiempo real de juego perdido en la Copa del Mundo de Italia 1990 hizo replantear la norma anterior de que el guardameta pudiera coger el balón con la mano después de un pase con el pie deliberado de un compañero de equipo.

La forma de realizar las salidas, de aguantar el uno contra uno, de ejecutar un blocaje correcto o de jugar con los pies; todo ha ido cambiando de la mano del fútbol. A una velocidad similar a la que el propio juego iba mutando, las modas en todas las demarcaciones seguían el mismo camino. Así se puede apreciar una de las corrientes más modernistas en lo que a la portería concierne, como es el juego de pies, sustentada esta en la modificación de la norma de la cesión en 1992. Siempre depende de la filosofía de juego que se quiera implementar en el equipo, pero hoy en día, más que nunca, el portero de fútbol debe tener un nivel de manejo con los pies tan importante como con las manos. Ya en los años 90, recién introducida la norma, Cruyff lo tenía claro: en mi equipo el portero es el primer atacante. También podemos observar una gran diferencia en el concepto del blocaje. En la segunda mitad del siglo XX, el hecho de quedarse con el balón en las manos tras un disparo era algo muy habitual. Hoy en día, las distintas evoluciones técnicas, tanto en el juego como en las herramientas, ha conducido esta vertiente hacia una preferencia por el despeje orientado antes que por el blocaje. Si en lo que ha juego de pies se refiere el portero ha tenido que adquirir riesgos, en el blocaje se ha optado por un mayor conservadurismo.

Muchos nombres propios van acompañados de un forma propia de parar, por época o estilo. Si nos remontamos a los primeros años del fútbol nacional hay que detenerse en Ricardo Zamora, quien fue la primera gran figura del fútbol español. Desde la portería se acuñó el apodo de El divino por su forma de parar, de no dejar ningún balón suelto en el área y convertirse en el primer gran icono que daba nuestro fútbol. Coetáneo a Zamora, encontramos a Planicka. El portero checoslovaco, con una forma de parar similar a la del barcelonés, fue la gran figura en el Mundial de Italia 1934. Llevó a su selección a la final de un torneo que acabó adjudicándose la selección local.

La propia evolución del reglamento ha ido marcando la evolución de los estilos y esquemas de juego en general y de la portería en particular.

El fútbol continuó su evolución y, llegado el ecuador del siglo XX encontramos al único portero que fue capaz de ganar el Balón de Oro. Lev Yashin o La araña negra fue el referente de varias generaciones cuando en el fútbol había nombres como Pelé, Fontaine, Garrincha o Eusebio que comenzaban a aglutinar los focos mediáticos a la parte ofensiva de este deporte. Con Yashin se vio al portero dominador del área, lejos de su portería para solventar problemas aéreos y con unas dotes de mando incuestionables. Fue tras la instauración de la norma de la cesión cuando la demarcación es forzada a cambiar después de muchos años con una forma clara de juego. El cambio reglamentario y la exponencial profesionalización del fútbol a niveles inusitados cambian la forma de concebirlo a todos los niveles.

Así llegamos al portero moderno, un guardameta que debe saber interpretar el juego aunando los requisitos técnicos para que sus ejecuciones conlleven el menor riesgo posible. Su misión principal permanece inmutable, que es proteger su portería ante todo aquello que conlleve peligro. Sin embargo, su papel en el inicio del juego y toma de decisiones bajo gran riesgo colocan al arquero en una situación complicada. El guardameta moderno es un hombre orquesta que tiene presencia en muchas facetas del juego. No está concebido para ser un muro, sino para pensar, reaccionar y ejecutar en un marco de máxima exposición.

Christian Sánchez de la Blanca

Alex Grimm / Bongarts

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