Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Carlos Casemiro, paradigma de un mediocentro completo.
Análisis táctico

Buscando el mediocentro perfecto

«Dime qué mediocentro tienes y te diré a qué juegas». Juanma Lillo, ex futbolista y entrenador con una marcada apuesta por el juego de posición en el que el mediocentro suele tener mucho que decir, expresó este sentimiento propio acerca de su importancia dentro de un equipo y su sistema. Al fin y al cabo, su posición en el campo le hace partícipe de cualquier fase del juego que se esté desarrollando, y sus virtudes y defectos le harán más o menos útil, más o menos brillante a la hora de resolver los diferentes retos a los que cada fase le haga enfrentarse. Todavía en el fútbol contemporáneo mantienen su relevancia, sea cual sea el estilo de juego, la gestión de la pelota, el nivel de sus compañeros o los objetivos a perseguir. Pero, ¿existe algún mediocentro capaz de rendir en cualquier escenario? ¿Se le puede pedir dominio de cada fase del juego? ¿Conocemos al mediocentro perfecto?

Aunque, antes de entrar en ello, podríamos convenir qué entendemos por mediocentro. Podríamos afirmar que es el futbolista que juega inmediatamente por delante de la línea defensiva propia y que sirve de eje sobre el que gira una transición. Es decir, tanto para la gestión de un ataque como de una transición defensiva, él siempre se encuentra en el epicentro. Lo que hay que tener claro es que cada equipo va a necesitar un tipo de mediocentro diferente, dependiendo de cómo vaya a sacar el balón, cómo se vaya a juntar en campo contrario, qué ritmo le vaya a dar la circulación o cómo vaya a plantear cada pérdida. De esta forma, es complicado encontrar un prototipo de mediocentro modelo sobre el que ir comparando otros patrones, pues el que es ideal para un contexto puede no funcionar en otro. Ni siquiera el talento defensivo puro se considera un requisito para el puesto, pues hemos visto triunfar con continuidad perfiles técnicos que desde esa posición armaban a propios y desmontaban a extraños a través del balón y que luego a la hora de robarlo no eran referencias. Leyendas como Pep Guardiola en el FC Barcelona de Johan Cruyff, Andrea Pirlo en el AC Milan, o actualmente Miralem Pjanic en la Juventus son buenos ejemplos de ello.

Ni siquiera el talento defensivo puro es un requisito para ser mediocentro de élite en el panorama europeo actual.

Sin embargo, no cabe duda de que la calidad para el robo, para el gesto defensivo en definitiva, es un arma clave para un futbolista que vive con continuidad en el balcón de su área. Su zona viene cargada de mediapuntas que reciben, de interiores que vuelan a sus costados o de delanteros que retroceden para asestar golpes indirectos pero definitivos. Ahí, la corpulencia, la capacidad para meter el pie a tiempo o la resistencia en el esfuerzo son claves para resolver cada una de esas situaciones. Y es precisamente aquí donde encontramos multitud de referencias en la posición que la han marcado de un tiempo a esta parte, con Claude Makelélé como pieza más destacada y pura en estas virtudes. El francés era un compendio perfecto entre despliegue físico y talento para el robo, siendo capaz de sostener prácticamente él solo un sistema tan ofensivo y desequilibrado como el Madrid de los Galácticos que continuamente colocaba por delante de la línea de balón a siete jugadores.

El francés, por tanto, era el encargado de barrer el campo propio. Pero también han destacado mediocentros por hacer lo mismo pero en terreno rival. Y el máximo exponente es Sergio Busquets. Más allá de la comprensión total del juego que mamó en La Masía o de su magia para usar el cuerpo con el balón en su poder, lo que más ha distinguido al catalán en la élite ha sido su capacidad para abrasar en la presión tras pérdida que, además, siempre supuso un síntoma de salud o de enfermedad cuando su equipo le permitía hacerlo o no era capaz de sostenerlo, respectivamente. Cuando el Barça consigue hacer correr al balón, ganar metros en bloque con él, instalarse en campo contrario y, sobre todo, girar a la defensa rival, Busquets emerge desde su punto de partida como mediocentro para agobiar al defensor y no darle otra salida que entregarle la pelota para que la maquinaria pueda comenzar de nuevo.

Pirlo, Makelélé, Busquets… El recorrido por los grandes mediocentros del fútbol moderno y actual obliga a dejar atrás muchos nombres y, a su vez, invita a buscar a aquel que reúna más facultades útiles a su equipo, aquel que facilite la tarea a su entrenador de cubrir cada centímetro del césped a tiempo y con el acierto necesario. Partiendo de que el tipo perfecto no existe, claro, pues no deberíamos ofuscarnos buscando uno que quite como Makelélé y a la vez tenga el toque de Xabi Alonso. Así que el techo estará en ese mediocentro mixto que se encuentre cómodo en cada situación. Y, para escenificarlo, ese que ha dominado los últimos años de la Copa de Europa y que comparte club con otro que bien pudo haberse apuntado a la lista de candidatos, Fernando Redondo.

Carlos Casemiro puede ser el jugador actual que más se acerque a la utopía del mediocentro perfecto.

Carlos Henrique Casemiro viene acaparando elogios tanto cuando su equipo gana como cuando le cuesta más, como por ejemplo estas dos últimas temporadas. Se ha tornado imprescindible en el club desde su llegada a la cantera y, sobre todo, instalación definitiva en el primer equipo allá por la temporada 2015/2016, aunque antes ya le había dado tiempo a ganar la Décima Copa de Europa con los blancos. Su sitio en los distintos sistemas por los que el equipo ha ido rotando ha estado siempre en el mediocentro, y con su impacto físico y constantes coberturas ha sido el punto de equilibrio defensivo que sus compañeros siempre han requerido. Pero es en los últimos tiempos cuando se ha ido acercando a ese jugador capaz de añadir a su intachable rendimiento defensivo unos mínimos con la pelota que lo colocan en otra dimensión. La creatividad y el control del tempo de partido sigue perteneciendo a Kroos o Modric, pero ya el brasileño ha dejado de suponer un problema cuando el balón cae en su poder, ha sabido hacer evolucionar su técnica de contacto con el mismo e incluso su capacidad para orientar el cuerpo también para recibir. Y, para completar su repertorio, su confianza le viene permitiendo soltarse y llegar a campo contrario para aportar remate de cabeza, disparo desde fuera del área o incluso desde dentro en llegadas desde segunda línea. En definitiva, el ’14’ ha ido acaparando diferentes habilidades y virtudes que ha ido añadiendo a su imponente físico para acercarse lo máximo posible a ese mediocentro que, solo por estar, ayude a defender y a atacar sin pedir explicaciones.

Andrés Sánchez

Fran Santiago / Getty Images

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