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La evolución del fútbol nórdico

No supone ninguna novedad hablar de jugadores como Ødegaard, Håland o Isak, a pesar de sus cortas edades. Futbolistas de gran potencial que ya se han abierto hueco en el fútbol de élite y, además, sobresaliendo en sus respectivos clubes. Estos tres casos, junto a otros muchos que podríamos incluir en esta introducción, comparten un factor común: crecieron en el fútbol nórdico. Esto, lejos de suponer una casualidad generacional, es consecuencia de un trabajo estructurado y desarrollado durante años que ahora comienza a dar sus frutos.

Para entender el crecimiento emergente de estos combinados nacionales es necesario ahondar en el trabajo de sus clubes a nivel local. La evolución del fútbol nórdico se asienta sobre tres pilares: inversión, formación y metodología. Lo primero fue el dinero. Tanto gobiernos (locales y nacionales) como inversores privados sumaron grandes cifras para modificar las instalaciones e infraestructuras de los clubes nórdicos. Practicar fútbol allí a lo largo del año, con lo especial de su frío y duro clima, era una quimera. Es por ello que siempre destacaron en deportes que podían practicarse en cualquier momento bajo techo como el balonmano o deportes de invierno en los que las condiciones sí les favorecían, siendo el biatlón uno de los principales deportes nacionales. La cantidad de pabellones cubiertos que se construyeron hace ya más de una década, con césped artificial y calefacción para poder entrenar durante todo el año supusieron un impulso a la popularidad del deporte balompédico entre los ciudadanos, aumentando el número de fichas federadas y la cantidad de niños que formaban la base de la pirámide de su fútbol.

Y es que ahí encontramos el segundo punto clave de su desarrollo: la formación. Las federaciones de estos países entendieron que acercar el deporte a cualquiera de sus habitantes suponía aumentar la probabilidad de éxito de sus combinados nacionales en un futuro. La premisa es que cualquiera, tenga las condiciones que tenga, encuentre su hueco en el fútbol de su localidad. No hacen criba, entienden el fútbol desde un prisma social, de su utilidad para la salud y el bienestar de sus ciudadanos, y en eso la cultura nórdica parece ir siempre un escalón por encima del resto. Esto no solo suscitó el interés de padres e hijos en practicar el fútbol, también aquellos con vocación para los banquillos se motivaron a formarse. Hace algo más de una década en estos países podía entrenar cualquiera al que le gustara el fútbol; era habitual ver al padre de uno de los niños ejerciendo como entrenador o al panadero del barrio utilizando parte de su tiempo libre para dirigir equipos alevines. Hoy la situación no podía ser más diferente: en Islandia tienen el mayor ratio de entrenadores con titulación UEFA de todo el continente. Solo así, desde su apuesta por la formación tanto de técnicos como de jugadores, se entiende un crecimiento tan rápido de su fútbol. Es cierto que sus ligas aún están lejos de alcanzar un nivel competitivo comparable al continental, pero la brecha se ha estrechado ligeramente, algo que se representa con mayor fidelidad en sus combinados nacionales.

Estrechamente ligado con lo anterior, la metodología de trabajo también ha experimentado una importante mejoría. El trabajo de los técnicos locales, cada vez más y mejor formados, se ha visto enriquecido por una apertura de sus ligas a entrenadores extranjeros, nuevas filosofías acerca del juego y del entrenamiento. No solo el técnico autóctono ha mejorado sus conocimientos, también se han podido empapar de una forma de ver el fútbol diferente a la que históricamente han desarrollado en territorio nórdico. Sus políticas de cantera han sido otro factor clave en este crecimiento, especialmente en Dinamarca, que es precisamente el país nórdico que siempre ha ido más al margen, altamente influenciado por la filosofía continental, estando conectada con Europa en el extremo norte de Alemania. El trabajo de clubes como Midtjylland o Nordsjaelland (entre otros, también fuera del fútbol danés) con claros tintes formativos ha sido prácticamente revolucionario. La edad media de estos equipos, y en expansión de sus ligas, es buena muestra del desarrollo temprano de sus futbolistas, sumando minutos en competiciones cada vez más exigentes y progresando en cuestiones tácticas (como el entrenamiento en lectura e interpretación de las situaciones de juego a través del método Ekkono) que les hacen ir un paso por delante de otros países y clubes con mayor potencial y medios a su alcance. La metodología de entrenamiento, tanto en etapas formativas como en el primer equipo en estos países, supone un avance en un fútbol cada vez más estudiado.

Estos tres pilares sirven para explicar, de forma muy resumida, el por qué del crecimiento del fútbol nórdico, el por qué cada vez salen más nombres de elevado potencial con origen en estos países. Que los Håland, Ødegaard o Isak no coinciden en una misma generación por casualidad, sino que son la guinda de un pastel que ha estado mucho tiempo horneándose. Italia por ejemplo está siendo pionera en poner su mirada sobre estos jóvenes futbolistas, con fichajes para esta próxima temporada de nombres como Kulusevski (sueco de origen macedonio) por 35 millones por parte de la Juventus y por el que había apostado inicialmente la Atalanta o el extremo danés Damsgaard que llegará este verano a la Sampdoria procedente de su club de formación, el Nordsjaelland, por 7 millones. Nombres que por su edad están llamados a ser futbolistas del futuro pero que evidencian el fruto de una tendencia actual en el fútbol nórdico.

Dani Souto

Juan Manuel Serrano Arce / Getty Images

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