Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Joshua Kimmich fue el autor de una genialidad que decantó el cásico entre Borussia y Bayern.
Análisis táctico

Un genio premeditado

Se presentaba incluso más interesante el gran duelo por la Bundesliga en sus primeros instantes sobre el césped del Westfalenstadion que durante la previa del mismo. Aunque todo terminó siendo lógicamente una quimera. El Borussia Dortmund arrancó el envite de forma arrolladora, muy bien plantado sobre el tapete y con un ritmo vertiginoso que el Bayern no era capaz de reproducir. Los de Favre, que daba continuidad a su puesta en escena de las últimas semanas de ‘reinicio’, triangulaban desde la salida de balón, con Hummels comandando en primera línea y combinando a una velocidad que hacía correr a los de Flick como un perro que disfruta de su primera visita al parque en tiempos de confinamiento.

Este ritmo de partido, con lo especial del componente físico del momento, era algo completamente irreal. El Dortmund no obtuvo renta de esta superioridad inicial y poco a poco el Bayern comenzó a dominar las manijas del encuentro con un colosal -gol antológico aparte- Joshua Kimmich. El centrocampista alemán volvió a dar un clínic de aptitudes desde la medular. Sin Thiago a un lado, el ’32’ retomó la responsabilidad de ser el principal constructor de su equipo; el arquitecto por el cual pasaba cada pelota que el Bayern quería llevar arriba. Solo así se entiende que Kimmich haya intentado 82 pases a lo largo del encuentro con un nivel de acierto del 88%.

La movilidad de Kimmich no es más que una muestra del gran trabajo colectivo que hizo el Bayern en pos de limitar las virtudes del conjunto de Favre.

Aunque el bueno de Joshua no destacó únicamente en lo referente a pases si nos fijamos en sus estadísticas: el alemán recorrió la nada desdeñable cifra de 13,73 kilómetros en el duelo ante el Dortmund. Un claro exponente de lo que permitió al Bayern desactivar al cuadro aurinegro: las constantes coberturas y apoyos en fase defensiva por parte de todas sus piezas. Solo así se consigue desarmar la principal fuente de peligro de la pizarra de Lucien Favre: las incorporaciones de sus carrileros. El conjunto de Flick siempre se ha mostrado cómodo y predispuesto a la hora de ejecutar la presión en campo contrario; prefiere correr en la mitad ajena del campo y defenderse por pura velocidad en el suyo que acercarse a la zona de Neuer, con Alphonso Davies actuando como velocista y corrector en el retorno defensivo. Esto se evidenció en esos primeros minutos y se asentó a lo largo del encuentro con los apoyos constantes de extremos y pivotes a cada uno de los intentos del Borussia de progresar por sus carriles exteriores.

Y es que los de Favre parecían tener una opción que explotar para acercarse a la meta bávara, aunque, por repetición, esta parecía la única fórmula disponible para los del suizo. El Dortmund, sin la opción de llegar arriba a través de Achraf y Guerreiro, encontró en los apoyos y descargas tan necesarias de Håland y en las conducciones y la clarividencia de Brandt en el escalón intermedio, la vía para gestar la jugada de ataque por dentro, fijar en ese pasillo central las atenciones de la defensa bávara y después, una vez se acercaban al balcón del área, abrir el juego buscando al hombre libre en banda (habitualmente Hazard en la derecha) y centrar al primer toque para encontrar a la zaga del Bayern girándose y comenzando a bascular. Una opción que no terminó siendo eficaz por la nula tasa de acierto en esa relación centro-remate.

El ‘efecto Sancho’ tan deseado por Favre no tuvo incidencia positiva para el Dortmund en la segunda mitad.

Fue esa jugada tan repetida y que le daba una situación de tal ventaja la que empujaría (esto es mera suposición) a Lucien Favre a dar entrada a Sancho en el tiempo de descanso. Todos llevábamos estas dos semanas esperando al inglés, entendiendo que habría una cuestión física relevante que nos estaría impidiendo ver tanto como es requerido al talento británico. Una idea que no tardó en confirmarse. Aunque el técnico helvético tratase de equilibrar su poderío en ambos costados, aportando argumentos a una banda izquierda algo apagada, el ‘efecto Sancho’ no fue tal. Fue como enchufar a la corriente un coche de gasolina. Jadon fue al trantrán toda la segunda mitad, sin ofrecer apoyos tras soltar el balón, sin tirar desmarques punzantes a la espalda y sin ser tan incisivo como acostumbra. El Dortmund no tenía argumento mejor en el banquillo para tratar de romper el guion de partido, pero no pudo encontrarlo en un momento peor sobre un escenario mayor.

El Bayern terminó por asestar un golpe con aroma a definitivo. En un duelo equilibrado y sin estridencias, la nota discordante la puso un Joshua Kimmich con un movimiento maestro, aunque nada improvisado, pues en palabras de Thomas Müller y del propio Joshua, era una opción que ya contemplaban conociendo algunas de las manías del portero rival, Roman Bürki. Una idea que solo a los genios se les puede pasar por la cabeza pero que a su vez demuestra que también las genialidades son premeditadas. Una idea que bien puede valer una Bundesliga.

Dani Souto

Federico Gambarini / Pool / AFP

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