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Labbadia y la reacción berlinesa

La incertidumbre es uno de los factores clave que ha guiado y guía la actual situación mundial. Esta se ha trasladado a todos los niveles: económico, político, social… Hasta en el apartado deportivo, sin duda el menos decisivo en lo que a irrupción en nuestras vidas se refiere de los comentados. El parón de unos dos meses en muchas de las principales ligas y los cambios en distintos aspectos de la competición lanzaban muchas incógnitas que se irían despejando con el comienzo de los partidos. El rendimiento de los equipos era una de esas “X” que serían despejadas con el paso de las jornadas. Sin lugar a dudas, la ecuación le ha dado un resultado bastante positivo al Hertha de Berlín. Bruno Labbadia asumió el cargo del equipo a comienzos de abril, en pleno parón deportivo. Se han disputado cuatro jornadas de Bundesliga tras la reanudación y quedan otras cinco para el final del campeonato. De estar luchando por evitar el descenso el equipo capitalino ha pasado a aspirar a Europa en un rendimiento inesperado y sin precedentes.

El Herha de Berlín tiene como epicentro la solidez defensiva, el riesgo reducido con balón y la velocidad en transición.

La última década para el Hertha de Berlín ha estado cargada de eso mismo que hemos destacado en la situación mundial actual: incertidumbre. Dos descensos y ascensos consecutivos, combinados con picos de forma muy altos y muy bajos en distintas temporadas han instalado la irregularidad en la institución berlinesa. Una variabilidad en los resultados que se puede ver en la presente campaña. Bruno Labbadia es el cuarto técnico que está al cargo del Hertha en la temporada 19/20. Atrás quedan Ante Covic, Jürgen Klinsmann y Alexander Nouri. La entidad reaccionó a la situación del club no solo mirando al banquillo, sino también a la plantilla. En el mercado invernal se realizó un grandísimo desembolso económico en las contrataciones de jugadores como Matheus Cunha, Krzysztof Piatek, Santiago Ascacíbar y Lucas Tousart –este último se reincorporará al equipo en la siguiente temporada–. Labbadia ha sabido dar con la tecla, algo que Klinsmann, con esos mismos refuerzos, no supo hacer. Lo primero que hizo el técnico de Darmstadt fue dotar a su equipo de solidez defensiva. En los cinco encuentros anteriores a la llegada de Labbadia, el Hertha de Berlín había encajado un total de catorce goles. En los cuatro partidos disputados con él a los mandos han encajado solo dos tantos.

El Hertha de Bruno Labbadia se refugia en la solidez defensiva y en acometer pocos riesgos con el balón en los pies. Con un 1-4-2-3-1 como dibujo principal, Labbadia ha construido un equipo rocoso, que tiene en sus laterales y en Ibisevic a los verdaderos lanzadores del ataque y donde casi todos sus efectivos poseen cierta carga defensiva. La zona central del campo más cercana a la portería vigilada por Jarnstein está ocupada por Boyata y Torunarigha, dos centrales muy poderosos en lo físico y que evitan muchos problemas en balones aéreos, además de no desentonar a la hora de jugar el balón. Por delante de estos nos encontramos con el doble pivote inamovible para Labbadia. Skjelbred y Grujic son el eje de un centro del campo que asegura equilibrio defensivo. El noruego es el encargado de tapar todas las fugas defensivas que se puedan producir en el caos de las transiciones mientras el serbio es el pulmón que se permite, además, llegar con cierta claridad a posiciones de remate. Todo bien conjuntado e hilado para que los chicos de arriba se dediquen a hacer bueno el trabajo defensivo.

El poder ofensivo del Hertha de Berlín se puede resumir en tres claves: la influencia de los costados, la capacidad para transitar y las genialidades de Matheus Cunha. Gran parte del torrente atacante de los berlineses se podría resumir en las incorporaciones atacantes de sus laterales. Tanto Pikarik como Plattenhardt –sobre todo el segundo– aseguran envíos laterales muy precisos en sus incorporaciones por banda. Dos de los once goles marcados por el Hertha de Labbadia en estos cuarto partidos han llegado con centros directos desde la banda por parte de los laterales. Ahí también hay que destacar la veteranía y picardía de un delantero como Ibisevic para encontrar el remate. Además de poner el sello a algunos ataques, el capitán del equipo es decisivo en muchos contragolpes de los capitalinos gracias a sus constantes y acertados apoyos, los cuales suelen generar un espacio muy jugoso para que jugadores rápidos como Lukebakio o Cunha se aprovechen. Mención especial merece el jugador brasileño. No tenía apenas minutos en el RB Leipzig de Naggelsmann y se ha convertido en un fijo para el Hertha, cuajando una segunda vuelta de temporada fabulosa. Más allá de los goles y la belleza de muchos de los mismos, su verdadera importancia reside en la enorme participación que tiene en casi todos los tantos del equipo.

De estar luchando por evitar el descenso el equipo ha pasado a aspirar a Europa en un rendimiento inesperado y sin precedentes.

Labbadia tiene un once inicial muy claro, pero también ha sabido activar a jugadores con teórico rol de suplente y estos han respondido muy bien. Nombres como Mittelstädt, Piatek, Dilrosun o Maier han dejado buenos minutos en esta vorágine de jornadas consecutivas que se han disputado. Así pues, el sello de Bruno Labbadia ha cuajado de forma inmejorable en la capital germana. Un equipo que tiene como epicentro la solidez defensiva, el riesgo reducido con balón y la velocidad en transición para hacer daño, ya sea por fuera o por dentro con apoyos y arrastres. Todo eso está envuelto con un conjunto de jugadores de mucha juventud y que, actualmente, atraviesan un pico de forma excelente: Matheus Cunha, Javairo Dilrosun, Dodi Lukebakio, Jordan Torunarigha o Maximilian Mittelstädt. Una mezcla equilibrada entre juventud y experiencia, pero con unos conceptos sencillos y ejecutados a las mil maravillas. Ahí es donde reside el éxito de Bruno Labbadia, que ha lavado la cara a un Hertha de Berlín que, sumido en una situación de plena incertidumbre, aspira por Europa después de que el descenso le haya respirado en la nuca.

Christian Sánchez de la Blanca

Thorsten Wagner / Bongarts

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