Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

David Wagner, el artífice de un resurgimiento fugaz del Schalke 04.
Equipos

Tocado y hundido

Hay dos nombres propios que en la última década han dejado un poso y un legado futbolístico en Alemania que ha servido como clara inspiración para muchos nuevos entrenadores que han ido asomando la cabeza en las últimas temporadas. Pep Guardiola y Jürgen Klopp cada uno de ellos con un estilo y metodología propios y revolucionarios, han grabado su sello distintivo durante su periplo en el fútbol teutón y han dejado tras de sí una enorme enseñanza que estamos viendo actualmente en diversos banquillos de la Bundesliga.

Florian Kohfeldt, Julian Nagelsmann, Domenico Tedesco en su momento o incluso Lucien Favre han utilizado diversas formas de trabajar su modelo de juego a partir de los conceptos que Guardiola ha ido sembrando. Por su parte Klopp y su estilo vertiginoso era algo que en Alemania siempre tuvo presencia porque allí la verticalidad es parte del ADN histórico del fútbol alemán. Sin embargo, el actual entrenador del Liverpool le dio una nueva vuelta de tuerca añadiendo ciertos aspectos que estos sí han ido siendo moldeados por hombres como Ralf Rangnick, Roger Schmidt, Marco Rose o David Wagner.

La forma tan especial de entender el fútbol por parte de Klopp creó escuela y uno de sus mejores alumnos desembarcó este curso en la Bundesliga para avivar de nuevo ese fútbol tan intenso, vertical y dinámico. David Wagner es probablemente, si nos ceñimos al campeonato alemán, el entrenador que más similitudes posee con Jürgen. No solo en cuanto a estilo de juego, sino en muchísimos más detalles como la manera de gestionar un vestuario, la cercanía con los jugadores, la personalidad que transmite sin necesidad de decir nada y la capacidad de hacer mejores a muchos futbolistas que no pertenecen a la primera fila.

En Gelsenkirchen, tras un año convulso, apostaron por él y su filosofía para conseguir revitalizar al equipo. El técnico estadounidense solo necesitó unos meses para dotar de una identidad definida, obtener resultados con ella y conseguir sacar mucho jugo a varias piezas que parecía habían vivido su mejor momento o se encontraban algo estancadas. El Schalke 04, en los primeros compases de curso, era un equipo que vivía constantemente en ritmos altos, cuantas más revoluciones presentaban los encuentros más cómodos se sentían. Wagner insiste en que sus jugadores ejecuten un pressing activo y sostenido durante el tiempo para ahogar al rival. Con esto provocan que se les presente un escenario donde pueden incomodar mucho, buscando el fallo constante del contrario y de esta manera hacer daño a partir de robar la pelota en zonas muy adelantadas sin la necesidad de tener que hilvanar las jugadas con mayor mesura. El principal rasgo del Schalke es el conocido Gegenpressing. Una manera de apretar al rival de forma agresiva e intensa con el fin de recuperar el balón inmediatamente nada más perder la posesión. Pero para poder llevar a cabo esta propuesta, es necesario contar con jugadores en plenitud física y que sean acordes con este estilo y Wagner los encontró en el norte de Westfalia.

El dibujo táctico que se implantó en el inicio fue un 1-4-5-1 con un matiz importante dependiendo del equipo al que se enfrenten. La medular está formada siempre por un doble pivote (Omar Mascarell y Suat Serdar), pero en ocasiones los acompañaba un centrocampista más puro (Weston McKennie) o un jugador de mayor vertiente ofensiva (Harit/Schopf) según demande el planteamiento rival. El Schalke empezó siendo un equipo que jugaba en pocos metros, con la línea defensiva posicionada lejos de su portería para acompañar la presión colectiva. Para mantener el equilibrio dentro de este marco tan atrevido, la figura de Salif Sané en el centro de la zaga se ha convertido en fundamental. El africano con su capacidad para corregir metros a su espalda gracias a su zancada estaba siendo el que permitiera a Wagner que el equipo se instalara en campo rival durante largas fases. En la zona ancha tanto Mascarell, Serdar y McKennie son un perfil de centrocampistas de dinamismo y agresividad sin la pelota. Los tres saben ir a morder al contrario, tienen pulmones para activarse rápidamente tras pérdida durante los 90 minutos y además leen cuándo aparecer desde segunda línea para sorprender. Mascarell es el más dotado con la pelota. El español fue esa ancla para permanecer más posicional, siendo el nexo de unión entre zaga y zona ancha. Omar no tenía que realizar movimientos tan profundos como sus compañeros y era el encargado de dar fluidez a la circulación, enlazar con la gente que está entre líneas y ayudar a que el ritmo sea constante.

A partir de esta estructura en sus primeras líneas, más tarde llegaba la libertad que Wagner le daba a sus jugadores más talentosos. Los Benito Raman, Caligiuri, Harit, Matondo o Gregoritsch no tenían un rol específico. Todos partían de una posición, pero su técnico les daba varias posibilidades de aparecer en cualquier zona o altura para girar, desbordar y poner en jaque las defensas rivales. Un ataque flexible y confeccionado para sacar lo mejor de sus principales activos.

El club los primeros meses fue creciendo a partir de su identidad física y ofensiva basada en elocuentes presiones y transiciones verticales. Sorprendía a los adversarios y obtenía resultados que a la postre, en la situación en la que llegaba el equipo, era lo verdaderamente importante. Sin embargo, de golpe y porrazo fueron apareciendo los viejos fantasmas, problemas que estaban siendo enmascarados por la buena labor de David Wagner a partir de su pizarra pero que estaban ahí y que han acabado apareciendo.

Son diversos los déficits con los que ya contaba el equipo, el por qué han ido apareciendo ahora y no antes es porque en el momento en el que el colectivo se ha llenado de imperfecciones, la individualidades han mostrado su nivel real, un nivel que escondía sus carencias gracias al modelo.

Primera causa de la caída de rendimiento: el bajón físico

El mencionado Gegenpressing es un concepto que implica el mantener un nivel físico altísimo. Cuando los jugadores no son capaces de repetir esos esfuerzos repetidos, de conseguir con su energía que el juego sea tan dinámico y que el volumen de acciones sin balón sea tan elevado, desaparece por completo el plan y empiezan a aparecer las dudas. El obligado parón ha provocado que el Schalke haya notado en demasía las semanas sin competir. Han bajado sus prestaciones en este sentido y están siendo incapaces de imponer ese ritmo intenso. Sin esta presión alta se ha perdido la principal consigna de la filosofía de Wagner y por lo tanto el equipo no es reconocible.

Segunda causa de la caída de rendimiento: una plantilla descompensada

La línea elegida por la dirección deportiva durante los últimos años ha sido la de formar y potenciar el talento joven para después venderlo a un alto precio y renovar el plantel de nuevo con gente aún por pulir. Este camino es peligroso porque no todos los cursos cuentas con la fortuna de que las caras nuevas sean de un nivel similar o superior de los que ya no están. De ahí que actualmente no existan en el equipo piezas con el talento de los Neuer, Kehrer, Sané, Draxler, Meyer, Goretzka, Kolasinac o Embolo. Hay una falta alarmante de auténticas certezas dentro de la plantilla. Jugadores con proyección que por su juventud presentan errores como Kabak, Todibo, Kenny, Matondo o Kutucu. Nombres que son de un escalón inferior con respecto a los objetivos del club como Oczipka, Schöpf, Burgstaller o Caligiuri. Overbooking en algunas posiciones cuando en otras cuentan con un solo representante. Paradigmático el caso de la zona de la mediapunta y las bandas donde están Harit, Benito Raman, Gregoritsch, Matondo, Caligiuri o incluso McKennie (que ha jugado mucho por delante del doble pivote) y sin embargo para el puesto de delantero tan solo se cuenta con Burgstaller y el inexperto Kutucu. Un grupo que cuenta con la calidad justa representada en solo algunos nombres. El Schalke tiene una plantilla que está lejos de ir de la mano con lo que su historia representa.

Tercera causa de la caída de rendimiento: decisiones tácticas controvertidas

Cuando aparecen las dinámicas negativas todo técnico empieza a cuestionarse diferentes preguntas para intentar resolver las dificultades. Es por esto que desde la vuelta de la competición hemos visto a Wagner excesivamente intervencionista y poco atinado con sus decisiones. Ha agitado el árbol cambiando el dibujo en búsqueda de, sobre todo, contrarrestar el aluvión de goles recibidos colocando una línea de tres atrás sumando así un efectivo más a la parcela defensiva. También ha ido cambiando su 1-4-5-1 por un 1-4-3-1-2 en rombo con dos puntas o un 1-4-3-3 con extremos más específicos. Una palestra de sistemas que han dejado más sombras que luces y que han desconcertado a varios de sus discípulos porque han tenido asumir funciones que no les correspondían. El estadounidense McKennie, que era el principal responsable de la comandar la presión en campo rival, de estar siempre en continuo movimiento y ser un eslabón entre la zona ancha y la delantera, ahora está siendo el encargado de los primeros pases del equipo. Es decir, de actuar como interior con llegada y desentendido de la elaboración, a verse completamente involucrado en sacar el balón jugado, ayudar a sus centrales y hacer que el equipo progrese como bloque. Otro ejemplo claro es Caligiuri. Siempre destinado a ocupar la cal, bien como lateral, carrilero o extremo e indistintamente en cualquier perfil, Wagner lo está queriendo reconvertir a interior para que con su recorrido ayude a dar empaque a un centro del campo que se parte constantemente por la naturaleza de sus figurantes y que está mermado por las bajas de Mascarell y Serdar.

Cuarta causa de la caída de rendimiento: la fragilidad en ambas áreas

Es imposible mantener regularidad si las dos zonas donde se deciden los encuentros son aquellas donde muestras más déficits. Desde que se hizo oficial que al final de la temporada Alexander Nübel abandonaría el club para marcharse al Bayern Múnich, el joven guardameta dejó de entrar en los planes del técnico en detrimento de Markus Schubert. Esto conllevó a un evidente bajón en la portería. Se pasó de contar bajo palos con uno de los mejores cancerberos del panorama europeo a un Schubert que tiene buenas condiciones pero que no alcanza el nivel de Nübel. La línea defensiva también ha sido un lugar de múltiples cambios y pocas certidumbres. Solo Salif Sané a comienzo de curso alzó el nivel de la zaga, por lo demás, ningún integrante ha conseguido dotar de fiabilidad a la defensa. Kabak, Todibo y Nastasic son magníficos con la pelota en los pies aunque arriesgan en exceso y provocan pérdidas que perjudican la transición defensiva. Si en área propia no se está dando la talla, en la rival los números son irrisorios e insostenibles. Entre Burgstaller, Kutucu, Gregoritsch y Matondo suman solo cinco tantos. Cifras que hablan por sí solas sobre la pobreza del ataque. Ni determinación, ni voracidad, ni autosuficiencia…

Una serie de factores que empujan al Schalke a abandonar esa lucha por los puestos europeos y que dejan a la deriva a un equipo incapaz de sumar resultados positivos en los últimos meses y les acerca de nuevo a una situación nada cómoda en Gelsenkirchen. El barco de David Wagner está tocado y prácticamente hundido esta temporada.

Paco Mariscal

Martin Meissner / Pool / Getty Images

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