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Las reglas de Sergio Conceição

Normalmente, cuando un ex jugador emprende su carrera como entrenador, sus equipos suelen parecerse a lo que ellos eran sobre el césped. El Atlético de Simeone, el River Plate de Marcelo Gallardo, cualquier conjunto entrenado por Guardiola, la Juve, el Chelsea o ahora el Inter de Antonio Conte… Tenemos mil ejemplos. Añadiendo matices porque el fútbol evoluciona de manera constante, pero representan, ahora en el banquillo, lo que transmitían cuando los protagonistas en el césped eran ellos.

Aunque también tenemos casos que si nos dicen que esos equipos están entrenados por otro técnico nos cuadraría mucho más, porque el recuerdo que tenemos de sus entrenadores vistiendo de corto difiere de la filosofía que inculcan hoy a sus futbolistas. Uno de los mayores representantes de esto es Sergio Conceição. El portugués era un extremo técnico, vertical y detallista en su juego. Un atacante que coincidió con la generación dorada de su país junto a los Fernando Couto, Figo, Rui Costa o João Pinto y que a la par vivió la época dorada de la Lazio entrenada por Sven-Göran Eriksson, rodeado de compañeros talentosos como Pavel Nedved, Alessandro Nesta, Juan Sebastián Verón o Dejan Stankovic.

A pesar de ser integrante de equipos preciosistas y que dominaban con la pelota, calaron más en él las enseñanzas de algunos de sus mentores como Héctor Cuper o José Mourinho. El Sergio entrenador está plasmando unas ideas que no comulgan con su pasado. El fútbol ha vuelto en Portugal y la derrota del Porto ante el Famalicão solo fue una prueba más que sirvió para poner sobre la mesa qué tipo de equipo es el entrenado por Conceição.

Un modelo clásico, conservador y pragmático. Tres acepciones para definir de entrada al actual Porto. El técnico tiene un plan A muy trazado, pero cuando los rivales le alteran este plan, aparecen las dificultades. El estilo está basado en varios fundamentos tácticos que nos transportan a otra época, porque actualmente la mayoría de clubes grandes no los utilizan como principal premisa. Conceição busca conseguir imponerse a partir del juego directo hacia su pareja de puntas, ganar las segundas jugadas y las ventajas que consigan obtener individualmente sus jugadores de banda.

La idea futbolística de Sergio Conceição como técnico parece alejarse mucho de lo que el luso mostraba como futbolista sobre el césped.

Para ello, el esqueleto táctico es un 1-4-4-2 donde los roles están muy definidos y hay poca flexibilidad para darle variaciones al dibujo. Con este esquema como punto de partida, la importancia del modelo recae en llevar el balón a campo rival lo más rápido posible. El equipo se construye de atrás hacia delante. El técnico, en los últimos años, ha invertido más dinero en reforzar su defensa o reconvertir y potenciar jugadores en esa parcela que en darle protagonismo a otras zonas del campo como la medular. De ahí el nivel mostrado los tres últimos cursos por los Felipe, Éder Militão, Marcano o un Mbemba que ha recuperado sensaciones en Portugal. El preparador ha priorizado fortalecer el juego sin balón, haciéndose fuertes en campo propio forjando un bloque compacto y férreo.

Cuando otorgas la responsabilidad de llevar la manija a Danilo Pereira y Sergio Oliveira estás dando una declaración de intenciones de que la zona ancha va a ser un lugar de paso. Con un doble pivote de tales características, el Porto busca transitar rápidamente y prescindir de un juego más cerebral e hilvanado. Por ello, los problemas aparecen cuando los rivales les ceden la posesión y repliegan abajo. En este escenario, el no contar con centrocampistas preparados para construir a partir del pase y la circulación, hace que el equipo sufra para conseguir abrir los planteamientos defensivos rivales. Es entonces cuando aparece el ritmo plomizo, el juego plano y la nula creatividad.
Sin espacios ni situaciones donde el balón pueda llegar a banda con frescura, el Porto se convierte en un equipo vulgar. Para paliar estas posesiones tediosas y sin sentido alguno, el preparador portugués ha optimizado a sus laterales. Tanto el reciclado Jesús Corona como Alex Telles son los actores protagonistas del equipo. Cuando al resto de compañeros se les bajan las persianas, ellos, por pura autonomía y calidad individual, son los encargados de ayudar a que el bloque se plante arriba y consiga girar las defensas rivales. El mexicano con su gran desborde y el brasileño gracias a la depurada técnica de su pie izquierdo, nutren de centros laterales a sus delanteros, eliminan presiones rivales y en definitiva le dan ese rasgo distinto a los ataques del Porto.

Con un centro del campo diseñado para otras funciones, son los laterales quienes asumen el peso creativo en campo contrario.

Si a los laterales se les ha dibujado a partir de la pizarra situaciones para que sean decisivos, al resto de piezas que deberían marcar la diferencia se les encorseta demandándoles funciones más relacionadas con lo defensivo. Luís Díaz, Nakajima u Otávio no están siendo el foco creativo que por sus virtudes estaban llamados a serlo, porque Conceição les acota el radio de acción y no les deja la libertad necesaria para que inventen y tengan capacidad para generar ventajas. Ya se desprendió de jugadores como Brahimi, Óliver Torres o Héctor Herrera. Da la sensación de que cualquier virtuoso pero con poca implicación sin pelota no tiene cabida.

El poderío físico y exuberante envergadura de sus delanteros es, sin duda, el elemento que da forma al estilo. Moussa Marega, Tiquinho Soares, Vincent Aboubakar y Zé Luís son cuatro jugadores de características tan similares que la presencia de uno u otro no altera el sistema. Magníficos en bajar los envíos en largo, con extraordinaria zancada para atacar espacios abiertos y especialmente efectivos en el remate dentro del área. Sin embargo, ninguno de ellos tiene sensibilidad para jugar en espacios reducidos ni una gran técnica individual para asociarse, superar a sus pares o generarse las jugadas por sí mismos.

Un plan muy definido, una filosofía marcadísima, pero una intransigencia que sorprende hoy en día cuando hasta los más puristas buscan alternativas y soluciones constantes para adaptarse y contemplar medidas diferentes a las habituales. La obstinación de Sergio Conceição alrededor de su modelo, le puede costar títulos al Porto y que su figura como entrenador se devalúe de cara un futuro próximo.

Paco Mariscal

Jan Kruger / Getty Images

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