Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Vuelve la luz del fútbol con un derbi sevillano más especial que nunca.
Reportajes

Un nuevo pitido inicial

Casi como si Alva Edison volviera a formar parte del presente, la luz está a punto de hacer acto de aparición. Ha costado, pero el fútbol regresa a nuestras vidas para que la normalidad que tanto añoramos tenga un resquicio de presencia en este contexto surrealista que nos toca experimentar. Mucho mal hemos vivido durante tres meses, pero el balompié que tanto nos gusta ya está aquí para devolvernos a unos cuantos esa ilusión tan necesaria. Pero, además, como si del filamento de 1880 de Thomas se tratara, el retorno de nuestro hijo pródigo no puede acontecer de una forma más soberbia. La invención de la lámpara incandescente es, para muchos de nosotros, una simple anécdota en comparación con la reinvención de La Liga que vuelve. Un hito histórico que tendrá lugar con un siempre apasionante derbi sevillano.

Como si fuera la primera bombilla, un derbi es siempre la mejor invención para el fútbol que puede existir.

Aunque, es evidente, esta vez tendrá un color aún más especial que el que un choque entre Sevilla y Betis acostumbra a desprender. Un tono diferente basado en el pretexto que tanto se nos ha vendido para con la nueva normalidad a la que nos tenemos que acostumbrar. Un fútbol sin alma, sin jaleos en las gradas que empuje el balón metros y metros a través de la cancha. La ausencia de una concentración en las horas previas al encuentro más deseado de la temporada con nuestros amigos, resignándonos a esperar, cerveza en mano, que 22 personas en 105 metros por otros 65 se agolpan alrededor de un balón y entre dos metas para tratar de alcanzar la gloria.

Los del Río lo tenían claro: Sevilla tiene un color especial. Todo aquello que tiene lugar en la ciudad hispalense está teñido con un tinte extravagante y absolutamente opuesto al resto de situaciones que hay fuera de las fronteras sevillanas. Y en el fútbol no iba a ser menos. No estaremos bengala en mano frente los autobuses de nuestros equipos, ni cantando en las calles por centenas con el corazón de los nuestros en el pecho, ni siquiera estaremos sentados en las gradas de Nervión vitoreando a los que portan las enseñas que tanto nos enorgullecen. Será un contexto completamente dispar, algo a lo que no estamos acostumbrados. Gritarán los nuestros en el verde, marcarán los goles que queremos celebrar, sonreirán y llorarán como nosotros lo haremos sentados desde nuestro sofá. Mantendremos el vínculo con nuestros jugadores de una forma diferente.

Sevilla es derbi. Ya sea Nervión o La Palmera, es inevitable vibrar con los unos y contra los otros.

Porque el sevillismo y el beticismo no son inherentes a unas tribunas afincadas en Nervión o Heliópolis. Son dos estilos de vida que convergen en un núcleo urbano con ese color especial con el que el Guadalquivir baña de extremo a extremo. Una situación excepcional que se da año tras año y dos formas de vivir que se complementan cada día en nuestro intento de respirar aire sevillano. Desde dentro, es una pasión milimétrica que nadie de fuera percibe como propia. Aun así, el derbi sevillano es el partido idóneo para todo neutral que quiera probar como propio el arte que envuelve un contexto tan mágico como este.

Será un derbi sevillano atípico, pero la luz vuelve a alzarse en Sevilla y en España al son de los mejores olés en las miles de casas del territorio. Sea Cruzcampo o Mahou, en el sofá o la butaca, en el televisor o en el ordenador, es un día capital para el aficionado al fútbol. Nuestro máximo baluarte regresa a casa, a nuestra casa, para hacernos vibrar con un derbi que nadie esperaba disfrutar de una manera tan especial. Aunque en Sevilla todo es especial, y nadie duda que el verde y el rojo tienen a bien hacernos sentir apasionados tres meses después. Somos unos afortunados todos los que podremos gritar con los nuestros este 11 de junio, porque miles no tendrán esa oportunidad. Por ellos y por todos, toca espirar y conmoverse con nuestra elástica portada con honor. Enaltezcamos el buen fútbol como antesala de una normalidad que nos va a tocar sentir. El derbi sevillano tiene hoy un color aún más especial y es momento de elevarnos al tope con un nuevo pitido inicial.

Alberto Pintado

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