Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Ladislao Mazurkiewicz, el portero que quería meter goles.
Reportajes

El portero que no quería parar goles

En Montevideo las cosas son como son. Como en todo Uruguay, el fútbol es sagrado. Y se empieza a la hora, para aprovechar bien el tiempo con la bola. No debió de caer en la cuenta el joven Ladislao, que se entretuvo hasta el final en el vestuario para ataviarse y salir del vestidor cuando todos los compañeros estaban preparados y en su sitio. El míster zanjó el problema mandando al tardón al arco, sabiendo que era la única posición que quedaba por cubrir. Pero Ladislao quería anotar goles, no pararlos.

Buen dominio del juego de pies, rápido, con poca altura. Quién sabe si este chaval hubiera llegado a ser alguien como delantero si se hubiera atado las botas con más premura. El caso es que le tocaron los guantes. En las pruebas de Racing de Montevideo llevaron por vez primera al protagonista a una portería, para darle la espalda en vez de encararla. Y debió de hacerlo bien, pues años después sería considerado por todos como el portero más grande de América.

Por llegar tarde al campo de entrenamiento, Ladislao Mazurkiewicz fue mandado a la portería pese a ser delantero.

Nacido en Piriápolis, una ciudad cercana a la capital de Uruguay, un 14 de febrero, Ladislao Mazurkiewicz Iglesias debió recibir bien pronto la flecha de Cupido al jugar con el balón. Tanto que, a pesar de no poder ser delantero, se uniría por siempre a este deporte. “Mazurka”, como le llamaban para evitar lo enrevesado de su apellido (era hijo de un migrante polaco en Uruguay), fue mito en su tierra, pero leyenda en la de todos los sudamericanos. Jugó tres mundiales con la celeste, consiguiendo un honroso cuarto lugar en México 70, perdiendo en semifinales con la Brasil de Pelé o Rivelino que campeonaría poco tiempo después en el Azteca.

En ese partido para el recuerdo, que daría la llave a los de Zagallo para ser campeones del mundo por tercera vez, Mazurkiewicz protagonizaría junto a Pelé una de las jugadas más famosas de la historia de este deporte. Tras un juego de cadera brutal, Pelé regateó sin piedad a “Mazurka” sin tocar el balón, dejándolo pasar y quedando solo ante la portería uruguaya. Sin embargo, el azar quiso que ese balón no entrara, convirtiéndose en una eterna jugada de no gol. Más tarde, el propio Ladislao Mazurkiewicz recordaría que la jugada fue increíble pero que sucedió lo que él quiso siempre en la vida: que no fuera gol.

Llegó a jugar en España, en la década de los setenta, aunque solo consiguió ser alineado dos partidos en el Granada de José Iglesias “Joseíto”.

Sus paradas dieron la vuelta al mundo, no solo por las historias que rodeaban a su habilidad como meta, sino también por haber jugado en cinco países distintos. En su palmarés, algo más que títulos, entre los que se cuentan una Copa América con Uruguay en 1967 y una Libertadores con Peñarol en 1966, pues pudo presumir de haber sido, dicho por el protagonista, heredero del que es considerado más grande portero de la historia y único Balón de Oro desde la posición del meta: Lev Yashin, la Araña negra.

El portero soviético, ídolo del Dynamo de Moscú y absoluta estrella de la selección soviética (a quien Mazurkiewicz derrotó también con Uruguay en los cuartos de final de 1970), le dio sus guantes tras un partido homenaje en el que coincidieron y le declaró su respeto y admiración. Su manía de vestir de negro le hizo buen merecedor de la herencia del portero soviético, y declaraba que, con el público, la distancia y los nervios, ese color hacía imposible al delantero saber con seguridad dónde estaba el meta.

Tras retirarse en el equipo de sus amores, Peñarol, siguió unido al club siendo ayudante del entrenador, ejerciendo las labores de preparador de porteros, enseñando así a otros que, como él, un día soñaron con hacer del fútbol su vida. Esa pasión, esa vida dedicada a este deporte, incluso cuando los guantes no fueron su primera elección, regalaron a Sudamérica y al fútbol en general un jugador para la historia. Un jugador formidable a quien el caprichoso fútbol quiso ver evitando goles y no marcándolos.

Miguel Ruiz

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