Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Frenkie de Jong mostró una versión ante el Napoli más propia de su etapa ajacied que culé.
Jugadores

Entre la nostalgia y lo cotidiano

Hace apenas un año, en marzo de 2019, se jugaba la vuelta de los octavos de final de la UEFA Champions League. Eran tiempos anteriores a la Covid19, cuando esta maldita enfermedad aún no nos había recluido en casa y nada amenazaba con cambiar nuestra (ahora antigua) normalidad. En ese mes de marzo, muchos, entre otros el Ajax, buscaban su plaza para seguir vivos en Europa. Y ayer, ya en agosto de 2020, Frenkie de Jong ha sentido nostalgia.

Ha recordado esa vuelta de octavos en 2019 y ha decidido que el momento para reivindicarse era este, estableciendo un puente temporal entre dos años en distintas fechas, en distintos lugares, con distinto contexto, pero con sensaciones comunes. Hoy, en agosto, hemos vuelto a sentir que este chaval neerlandés, nacido y criado en el fútbol del Ajax, puede llegar a ser muy grande. Hoy, como hace algo más de un año, lo hemos vuelto a ver.

Frenkie de Jong demostró ante el Napoli tener calidad para dejar ver lo que cautivó a todos en el Ajax.

En el partido ante el Napoli, Frenkie de Jong formó desde la izquierda, con Rakitic al lado como pivote y con Sergi Roberto completando el mediocampo azulgrana. Apareció en Barcelona con el sonido de la Champions League de fondo, jugando sin público y con la camiseta culé, pero se había disfrazado del Frenkie de hace un año cuando sus pies bailaban para el equipo de Ámsterdam.

De Jong no solo fue importante para dar estabilidad a la salida de balón del FC Barcelona, sino que mostró que puede hacerlo desde el interior. Sus toques, aunque no excesivos (dio 78, por debajo de Rakitic, Piqué, Sergi Roberto o Lenglet) siempre fueron de calidad. Su capacidad para hacer que esos toques siempre sumaran fue diferencial para creer siempre en los contragolpes que pasaban por sus botas.

Si bien es cierto que el Barcelona no dominó durante grandes tramos del partido, fue correcto a la hora de tratar de inquietar con velocidad el área contraria de los de Gattuso. No fue fácil desarmar la telaraña que el técnico italiano había montado para impedir un juego fluido de los locales, pero el acierto del mediocampo fue notable y consiguieron, en muchos momentos, ser peligrosos a la hora de hacer llegar el balón arriba.

Pudo ser autor de una asistencia de museo, pero una mano de Messi le robó el honor después de un pase prodigioso con el exterior a bote pronto que encontró al argentino de cara a la portería.

El papel de De Jong fue apoyar en todo momento a Rakitic y Roberto para crear juego, por lo que, mientras que el croata pretendía dotar de equilibrio, robando e iniciando y el catalán controlaba desde el balón y apoyaba defensivamente a Semedo en banda, la función más desequilibrante desde mediocampo caía enteramente en el ‘21’ azulgrana.

Y vaya si lo fue. El neerlandés volvió locos a Fabián y a Di Lorenzo, que veían cómo, en muchos casos, un escorzo o un giro del jugador azulgrana lo dejaba habilitado para el pase o la carrera, vaciando literalmente al centrocampista español y tratando siempre de generar desequilibrio con el pase o con el movimiento, ocupando con inteligencia su zona y visitando con asiduidad otras para facilitar el tránsito del balón.

Ese dominio de la entrega dio sus frutos incluso con una delicatessen que dejó sin validez una mano de Messi antes de remachar el que fue por instantes el 3-0 y que anuló el colegiado turco. Una jugada que dejó patente el dominio técnico del neerlandés aunque el gol no subiera al marcador. El ’10’ argentino va agradeciendo cada vez más tener cerca el talento de Frenkie, que encaja a la perfección con la idea de control, precisión, velocidad y criterio ofensivo que se podría esperar de este Barça de Setién.

Junto a Rakitic y Sergi Roberto, De Jong mostró el que puede haber sido uno de sus partidos más interesantes con el Barcelona, complementando muy bien su rol con los de sus compañeros.

No obstante, a pesar de que suele elegir con rapidez y efectividad, sus acercamientos al área dan la impresión de no ser del nivel más alto que se pueda ver. Si su calidad a la hora de tomar decisiones en la frontal del área creciera, le dotaría de una presencia muy sobresaliente en el mediocampo azulgrana, dejando de lado el rol que ocupe por su capacidad para mostrar lo que precise el equipo de su juego en cada momento.

Han surgido ríos de tinta sobre el rol de De Jong en el equipo catalán, quizá derivados de la necesidad de suplir a un difícilmente reemplazable Busquets, pero también de la duda sobre el juego de posición culé en los últimos años de Messi como azulgrana. Es complejo predecir por dónde o en qué rol lo hará mejor el neerlandés, pero cada vez caben menos dudas sobre la capacidad real del futbolista, que parece sentirse cómodo en esta eliminatoria habiéndose encontrado a sí mismo ante el Napoli.

Hoy, el Barcelona puede respirar en Champions League gracias a la grandeza de algunos jugadores que muestran día a día su calidad diferencial, pero esa supervivencia obliga a mirar al rival que espera en Lisboa. Y mirar a ese rival es mirar a las dudas que suscita el equipo, aunque sin obviar esas certezas que lo acompañan, como la calidad de Messi o la corrección de Piqué o Ter Stegen, haciéndose imprescindible seguir el camino de migas de pan que va dejando Frenkie De Jong con su juego. Buscar su comodidad y confiar en su progreso de cara a coger peso en el equipo resulta primordial. Pasar de la nostalgia y de los recuerdos de su nivel a poder disfrutarlo con continuidad cada semana.

Miguel Ruiz

Álex Caparrós / Getty Images

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