Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Messi será el argumento lúcido ante el control del Bayern en el gran duelo de Champions League.
Análisis táctico

Lucidez ante fiabilidad

Dos situaciones muy distintas albergaron los octavos de final de Champions League para Bayern de Múnich y FC Barcelona. Los bávaros solucionaron un compromiso casi sin riesgo con la contundencia con la que acabaron las competiciones nacionales germanas. Por otro lado, el Barça sacó adelante un encuentro ante el Nápoles cargado de veneno apoyado en la efectiva actuación de sus grandes figuras. Esas dos formas de afrontar la ronda de octavos reflejan los momentos que viven ambos equipos. Los hombres de Hans-Dieter Flick seguramente sean, junto al City, los favoritos para llevarse esta edición comprimida de la Champions League. Los bávaros son un bloque perfectamente definido, que aúna veteranía y juventud, ambas a un nivel excelso. Flick recuperó la figura estelar de Müller y el Bayern remontó la montaña de la Bundesliga, levantó la DFB Pokal y ahora ansía el triplete. Por otro lado, los chicos de Quique Setién tienen en la máxima competición continental la última esperanza de título en la presente temporada. La reanudación de la competición tras el confinamiento ha demostrado que el conjunto catalán sufre –y mucho– sin la mejor versión de sus jugadores diferenciales. Suyo es el as multicolor referenciado en Messi, pero todo lo demás le resta opciones ante un Bayern de Múnich con rumbo fijo.

Ya sea desde el lateral o el pivote, Joshua Kimmich es el verdadero argumento competitivo de este Bayern de Flick.

Un Bayern – Barça en cuartos de Champions es algo muy estimulante. Los germanos avanzaron de ronda superando claramente en juego y resultados a un Chelsea que venía de cerrar una temporada positiva en Premier. El cambio de cara con Flick es un hecho, algo que le ha dado ya dos títulos. El Bayern es una máquina de fútbol perfectamente engrasada con jugadores de talla mundial. La baja de Pavard en el cuadro alemán volverá a obligar a colocar a Kimmich en la derecha. Si el Bayern es una máquina de fútbol, su engranaje maestro es Joshua Kimmich. El jugador de Rottweil deberá permanecer en la que durante mucho tiempo fue su posición. Sin embargo, aunque actúe más pegado a la cal, su creatividad no se verá muy mermada. El Bayern se hará fuerte en los costados, desde donde Joshua Kimmich y Alphonso Davies percutirán en la defensa blaugrana, que tendrá que vigilar muy bien estas internadas. En lo que se refiere a jugadas puras de banda y profundidad es especialmente peligroso el canadiense. Sus cambios de ritmo y velocidad punta generan ocasiones o más de una vigilancia en la defensa contraria.

Será en los costados donde el Bayern tratará de profundizar para llegar al ataque y generar espacios por dentro. Una vez superada la tenue –a veces inexistente– presión de la primera línea blaugrana, los germanos se encontrarán a un equipo que prefiere juntarse antes que presionar. Lo vimos ante el Nápoles, el dominio italiano y la buena actuación de Piqué y Lenglet asegurando el área. Pero el Bayern será mucho más difícil de defender y amarrar, ya que, a pesar de no contar con Kimmich en su posición dominante, en su lugar encontraremos a un Thiago que evadió la presión de Kanté y Kovacic ante el Chelsea con extrema facilidad.

Los riesgos del ex del FC Barcelona en acción de salida desde atrás son mayores que los que Kimmich toma, siendo más fiable el germano. Pero el hijo de Mazinho sabe que salvar la presión de uno de los mediocentros del Barça con una finta de la casa o una conducción aseguran mucho índice de éxito a la jugada. Una jugada que cuenta en su parte final con la positiva indefinición de un Müller totalmente renovado, que participa de todo y destaca en cualquier facción del juego. Opte por el registro que opte Hans-Dieter Flick, el balón acabará en las botas de un Robert Lewandowski que ostenta 53 goles entre todas las competiciones –siendo esta su temporada más productiva en Baviera–, habiendo marcado 14 tantos en 12 encuentros después de reanudarse las competiciones.

Atendiendo a estos condicionantes tan, a priori, negativos, el FC Barcelona no deberá hacer un partido tan distinto al del Nápoles para tratar de batir al gigante bávaro. La efectividad de sus jugadores diferenciales, de ser la misma que ante los partenopeos, será clave. Eso, unido al formato especial de esta competición a un solo partido, haría muy difícil una reacción alemana. La dificultad es grande, pero la presencia de Messi todo lo puede llegar a equilibrar. Setién tal vez opte por alinear un centro del campo con cuatro efectivos y agruparse en un 1-4-4-2 tratando de cortocircuitar la zona interior del Bayern y contando con un efectivo más que con el 1-4-3-3 para intentar adueñarse del balón. Vidal aparecerá en escena, al igual que Busquets. De Jong, después de su gran encuentro ante los italianos, también tiene asegurada su presencia en el once titular. Rakitic es el jugador incógnita. La duda es clara y más teniendo que dejar fuera para ello a un Griezmann que si se ha contratado es para ser de la partida en las grandes noches como esta. Adaptar al equipo en un 1-4-4-2 en rombo con el francés en la mediapunta, asegurando presencia ofensiva y esfuerzos defensivos, puede ser la solución más coherente en todos los aspectos.

Griezmann por dentro ha mostrado una versión mejorada de su juego como blaugrana.

El Bayern de Múnich, por cómo ha llegado a este tramo final de temporada tanto a nivel de resultados como de juego, parece ser superior al FC Barcelona. Más igualado queda todo para el Barça con el condicionante de no haber vuelta y teniendo en su posesión al comodín Messi. Para jugadores como Davies o De Jong, efectivos que pueden ser clave en el partido, el duelo significa una gran prueba de madurez. Las necesidades no son las mismas para los dos equipos y por ahí puede comenzar a disputarse el que seguramente sea, por cartel, el partido más estimulante de la ronda de cuartos de final.

Christian Sánchez de la Blanca

Lennart Preiss / Bongarts

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