Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Análisis táctico

Una noche histórica

En el fútbol profesional se pretende enfrentar a dos conjuntos que, desde una planificación y preparación deportiva previa, puedan competir desde una exquisita igualdad de condiciones y que cualquiera de ellos pueda imponerse. Pues bien, ayer en Lisboa no pudimos disfrutar de unos cuartos de final de Champions League con estos principios. O al menos no completamente. Porque no podemos asegurar que Bayern de Múnich y FC Barcelona jugaran al mismo deporte. Muy pocas veces hemos visto sobre un terreno de juego, menos aún al más alto nivel, una diferencia tan profunda entre dos conjuntos. Una distancia que se puede explicar desde cualquier esfera: táctica, técnica, física y emocional.

«Vergüenza es la palabra. Nadie es imprescindible, me ofrezco para irme.»

Las palabras de Gerard Piqué tras caer eliminado de la Liga de Campeones no muestran sino una sensación de impotencia y un espejo del sufrimiento de cada jugador culé durante los 90 minutos en los que su rival les maniató hasta límites insospechados. Hans-Dieter Flick ha construido una máquina de jugar al fútbol, directamente. Desde el 1-4-2-3-1 sobre el que sus jugadores se sitúan en el campo imprime un ritmo altísimo que va intercalando con otras fases de mayor control para asegurarse de que puede completar el partido siempre compitiendo al máximo. Cuando sus piezas se activan, el balón comienza a rodar irremediablemente hacia la portería rival, con jugadores moviéndose por tres cuartos de campo tanto en horizontal como en vertical, dando opciones de cara al director general que ayer fue Thiago Alcántara. El español hizo uno de los mejores partidos que se le recuerdan en la competición, y es de recibo apuntar que sus compañeros se lo pusieron fácil. Leon Goretzka con sus pasos hacia delante le daba espacio, Thomas Müller se asomaba siempre para ser el siguiente escalón entre líneas y por fuera extremos y laterales fueron muy agresivos. Y, ante la pérdida, la presión era intensa y coordinada, la más exigente a la que este Barça se haya enfrentado nunca, y ante la que en ningún momento dio signos de poder responder con solvencia.

El Barça, por su parte, se vio dentro de este torbellino de fútbol y entró en shock. Los intentos iniciales por contener al conjunto bávaro se fueron difuminando, y al final el resultado no plasma sino una pérdida de tensión ocasionada por la frustración de verse tan inferior y por el irreparable daño mental que esta situación les estaba provocando, que iba erosionando hasta dejar a cero todo impulso de supervivencia y que engordó la reciente trayectoria negra del equipo en esta competición. Quique Setién, ya desde el mensaje inicial a su vestuario, no ayudó a la hora de sobreponerse al escenario que se le planteó. Formó un lineal 1-4-4-2 extraño para todos en el club y el vestuario. Cuatro futbolistas ocupaban el pasillo central con la intención de protegerse de esa verticalidad controlada tan difícil de contrarrestar que sabía que su rival iba a plantearle. Con esta estrategia ni defendió con seguridad ni atacó con continuidad ni, por supuesto, controló lo que sucedía sobre el césped. Por no decir las pocas ayudas que, una vez más, pudo recibir Lionel Messi para ser el factor diferencial. Más allá de alguna jugada a la espalda de la defensa del Bayern donde sí generó peligro, el Barcelona no tuvo argumentos competitivos como para que nos pudiéramos plantear quién merecía pasar a las semifinales.

El Bayern de Múnich se postuló ayer como máximo favorito para esta edición de la UEFA Champions League.

Los ocho goles logrados tras 26 disparos, 21 de ellos dentro del área y, sobre todo, la sensación de gigante insuperable, colocan al equipo de Flick como principal candidato a llevarse la Orejona el próximo 23 de agosto. Al equipo más estimulante del momento, cargado de certezas grupales y figuras de rendimiento clave como Davies, Kimmich, Müller o Lewandowski, solo le chirría -en cierta forma- la fase defensiva, seguramente la menos pulida por el técnico alemán. Ayer el FC Barcelona con muy poco tanto por cantidad como por calidad consiguió marcar dos goles y dejó el asterisco de que piezas como Mbappé o Sterling pueden castigar al espacio a la defensa muniquesa y crear alguna duda sobre si el número 6 se va a estampar en la manga izquierda de la camiseta roja la próxima temporada.

Andrés Sánchez

Manu Fernández / Pool

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