Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Di María, clave en el primer pase del PSG a la final de la Champions League.
Análisis táctico

Di María otra vez en Lisboa

Fue ‘El Fideo’. Con Neymar o Mbappé sobre el campo, el encargado de guiar al Paris Saint-Germain fue Di María. El PSG es el quinto equipo francés que logra acceder a la final del máximo entorchado continental. Hace 6 años, un Di María diferente, pero igual de exuberante, mostró la senda de ‘La Décima’ al Real Madrid. Hoy dio la mano al conjunto parisino para comparecer en Lisboa. Sí, será en el Estadio Da Luz y ha sido en la casa del Benfica donde el jugador argentino ha declinado la balanza a su favor ante un RB Leipzig capitaneado por el que oposita a ser uno de los grandes estrategas de los próximos años a nivel internacional. Nagelsmann no pudo cortocircuitar la inmensa calidad individual del PSG. Se arriesgó –como siempre–, pero quizá con menos sentido que en citas anteriores, lo que no resta mérito alguno a su competición, a su temporada y a su obra. Di María se retiró extasiado. Regalando esfuerzos que no sobraban y siendo esa carta que no es tomada como un as, pero que gana partidas.

Un Di María más reflexivo y menos dinámico en desborde, pero más ágil de pensamiento, planta en su primera final de Champions League a un proyecto que ha roto sus barreras.

La Champions, y sobre todo esta edición en concreto, son momentos. El PSG danza sobre una ola de confianza después de que Marquinhos destruyera esa barrera emocional ante la Atalanta. Después de superar ese bache que siempre tienes en cuenta, pero que acaba molestando. La liberación moral de eso que en fútbol se llama punto de inflexión ha desatado a un PSG que se presentó ante el RB Leipzig aún sin Verratti en la zona central. Se intuía que Tuchel posicionara a su equipo en forma de 1-4-3-3 observando las piezas que dispuso sobre el campo, pero la colocación fue distinta. Herrera fue el engranaje que conectó casi todo y obligó a dibujar un 1-4-2-2-2 como esquema. Marquinhos y Paredes guardaron en el doble pivote, sabedor Tuchel de que el brasileño agradecería ayudas ante la sempiterna movilidad germana en la zona ancha. Delante de estos se movieron Herrera y Neymar, y fue ese escalón del centro del campo el que le daría la victoria en una zona vital para los de Tuchel. Frente al KamplSabitzerOlmo que dispuso Nagelsmann para promover una superioridad interior de 3×2, su homólogo y compatriota escalonó su centro del campo para buscar a Herrera y, sobre todo, Neymar y que estos se encargaran de conectar y tejer en materia ofensiva.

Esa tela de araña que Nagelsmann propuso en el centro del campo parecía efectiva por momentos en el primer tramo del encuentro. Los hombres del Leipzig saltaban a la presión, incomodaban y no dejaban conectar al equipo francés. Sin embargo, un solo pase que encontrara a Neymar inclinaría el campo a favor de los de Tuchel. El astro brasileño tuvo que mostrarse en fase de creación y en la cocción de la jugada en tres cuartos de campo. Fue en esa segunda fase donde una falta sobre él mismo se convirtió en el primer tanto que insufló de confianza al PSG y dejó noqueado al conjunto alemán. El Leipzig no conseguía tener el balón, los franceses lo monopolizaban sin la necesidad de tomar riesgos enormes, dejando que la jugada avanzase hasta encontrar el espacio correcto. Fruto de esto, un central como Kimpembe presenta tras el partido un porcentaje de pases acertados bárbaro (99%). Casi todos de seguridad, cierto, pero el buen hacer del central francés va más allá. Ante la Atalanta sofocó siempre el peligro con acierto y ante el Leipzig tampoco desentonó. La paciencia de los parisinos dio sus frutos gracias a la prisa germana, ya que a base de riesgos poco productivos en salida de pelota firmó su sentencia encumbrando a Di María con su tanto.

Herrera fue el engranaje que conectó casi todo y obligó a dibujar un 1-4-2-2-2 como esquema.

Pese al 0-2 al descanso, el que ha seguido a Nagelsmann siempre espera que este le sorprenda. Incluso en las situaciones más oscuras. El técnico alemán introdujo jugadores nuevos y le cambió la cara a los suyos y al partido. Presión más agresiva –inexplicablemente inexistente en la primera mitad– y asedio sobre el área de un Sergio Rico que tampoco fue muy exigido. El fútbol y la Champions casi siempre nos escriben un guion difícilmente argumentable, y es por eso que, cuando mejor estaba el RB Leipzig, el Paris Saint-Germain sentenció el encuentro. Di María fue de nuevo el asistente, pero Bernat, desde el lateral izquierdo, supo batir toda una línea de presión que le facilitó transitar en espacios abiertos y aclarar una jugada que aseguraba una final. Dos asistencias de seda y un tanto que a Neymar le está siendo esquivo pese a lo que inventa para conseguirlo, esos fueron los números de un Di María que volvió a comparecer en la Champions y en Lisboa. Seis años después de que como integrante del centro del campo de Ancelotti rompiera esquemas con su brutal zancada y desequilibrara una final que desde el minuto 93 tenía un guion escrito. Con otros colores y otra vestimenta a nivel de juego, un Di María más reflexivo y menos dinámico en desborde, pero más ágil de pensamiento, planta en su primera final de Champions League a un proyecto que ha roto sus barreras y a un jugador que busca su redención.

Christian Sánchez de la Blanca

Dean Mouhtaropoulos / Getty Images

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