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Análisis táctico

El catálogo del Bayern de Flick

El pensamiento ha sido frecuente viendo el partido. Se presentaba el Bayern München con los mismos jugadores que consiguieron destrozar al Barcelona en los cuartos de final por 2-8. Sin embargo, el rival era otro. Delante tenían a un Olympique de Lyon que había eliminado a Juventus y Manchester City, complicando mucho la vida a ambos. Empezaron sufriendo los bávaros, pero por poco tiempo. Enseguida, el repertorio de Flick se convirtió en el software de Matrix. Un sinfín de recursos a disposición del director técnico de un Bayern que se lució de nuevo para llegar a la final de la Champions League.

En la película de las hermanas Wachowski, se puede ver una realidad distópica en la que los seres humanos han sido esclavizados por Las Máquinas, entes informáticos que utilizan a los seres humanos como combustible para seguir dominando el planeta. En ese sentido, los pocos que han despertado de esa falsa realidad llamada Matrix, se sirven de programas informáticos para aprender a dominar cualquier recurso y enfrentarlo a Las Máquinas para recuperar el control. De esa manera, Neo, el personaje principal, se sirve de lo necesario para cualquier misión con un simple ojeo del catálogo de habilidades y recursos.

De la misma forma, las ideas con las que cuenta Hans-Dieter Flick para adaptarse a las necesidades de cada partido parecen sacadas de un catálogo inagotable de recursos, que además son aplicadas con maestría por una plantilla compensada que, además, cree ciegamente en el qué y en el cómo. Si bien ante muchos de sus rivales destacó por su juego interior, su presión y su capacidad para dominar desde el centro del campo, el partido ante los de Rudi García se convirtió en una oda a los jugadores de banda que alineó el técnico alemán ante los franceses. Esta vez, en un partido gris de Müller o en el que no destacaron especialmente Thiago o Goretzka, las alas del Bayern München fueron claves para desmontar el plan de los de Lyon y llegar a la final de Lisboa donde ya espera el PSG.

Las ideas de Flick para adaptarse a las necesidades de cada partido parecen sacadas de un catálogo inagotable de opciones, que acaban siendo aplicadas con maestría por una plantilla que cree en el qué y en el cómo.

Una de las claves esenciales fue Gnabry. El extremo alemán fue autor de los dos primeros goles. En el partido ante el Olympique de Lyon, su primer gol muestra lo que es: mucho más que velocidad. Es un compendio de dominio técnico, lectura, dribbling y que, por si fuera poco, sigue en pleno desarrollo. Su juventud (aún tiene veinticinco años) promete que su evolución siga escalando niveles, mostrando cada vez más recursos para ser importante como opción en cualquiera de los contextos utilizados y que empieza a ser realmente serio para el Bayern y la selección germana. Como extremo en cualquiera de las bandas o como enganche, Serge Gnabry siempre ha encontrado la forma de hacerse ver.

No obstante, otro de los causantes del primer gol fue Kimmich. La calidad del ex RB Leipzig es tan incuestionable que el equipo bávaro bascula en torno a su figura, dándole el mando del juego incluso cuando parte como lateral derecho. El primer pase de gol lo dio aportando inventiva y derrochando calidad, con un envío por alto maravilloso, en un globo perfecto que rebasó la defensa, encontrando la espalda de Cornet y enfrentando a Gnabry al hueco dejado por el rival. El segundo fue un pase lateral medido a la cabeza del delantero polaco, que fue uno de esos centros que parecen sacados de una larga ecuación matemática con líneas de fuga y trayectorias. El arquitecto de este equipo es él, se sitúe donde se sitúe.

Gnabry volvió a firmar un partido de los que marcan la trayectoria de un futbolista, mostrando todo lo que es y puede llegar a ser como jugador en el Bayern y con Alemania.

Y aun así, en este recorrido por el juego exterior de un conjunto tan completo como el bávaro, el mayor de los hechos extraordinarios del Bayern München vive en la banda izquierda. Con solo diecinueve años, Alphonso Davies ya se presenta en sociedad como el mejor lateral izquierdo del mundo. No es que cada día mejore en más facetas, es que las domina todas. Desbordando en velocidad, complementando al juego interior, llegando en profundidad, volviendo a su sitio para hacer la cobertura… Incluso asiste, como en el partido ante el Barcelona para el gol de Kimmich. Davies es una fuerza de la naturaleza que ha pasado de nacer a reinar en apenas unos meses.

Es cierto que el partido no giró solo en torno a las alas de este equipo, pero fueron la clave para aprovechar la debilidad mostrada por el equipo francés a la espalda de sus carrileros. Encontrar ese hueco es ya un ejercicio de estudio del partido, pero saber aprovecharlo es el factor definitivo para que la teoría se convierta en práctica. Hay que decir que la lección iba bien aprendida por parte de ambos equipos, pues el nivel mostrado por germanos y galos en cuartos de final avisó sin duda a los dos técnicos, que trataron de tocar lo menos posible las piezas y el plan, pero que no lo leyeron de la misma manera para llevarlo a cabo.

Joshua Kimmich y Alphonso Davies supieron dominar desde ambos laterales y cada uno en su estilo: uno construyendo y otro desbordando.

El Bayern avanza con soltura, sabiendo encontrarse con la conjunción de idea y resultado, pero tendrá que ser mucho más sensato con las concesiones que permite a su rival en la final de Lisboa. Se han visto ciertos errores que han propiciado llegadas del Lyon que pudieron romperle los planes, y solo la mala ejecución de los franceses permitió que el plan no acabara mal. Fueron los pies de quienes atacaban y no de los que defendían los que permitieron que todo saliera a pedir de boca.

Hay mucho que pulir para que el plan siga funcionando ante un rival como el PSG, que espera ya a un Bayern que querrá tener a punto su catálogo. Flick ha conseguido llegar al final del camino con un equipo que en diciembre parecía tirar la temporada. Como siempre, el desenlace dependerá de lo bien que aprovechen las oportunidades en el tiempo y en el espacio dados. Y, ahora mismo, tienen por delante noventa minutos en los que demostrar que lo que se ha visto estos meses no queda en una visión. Despertar en el mundo ficticio de Matrix o levantando la Champions League depende de ello.

Miguel Ruiz

Lars Baron / Bongarts

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