Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Analizamos las claves de la final de la Europa League entre Sevilla e Inter.
Análisis táctico

Un choque de trenes

Philips Stadion. Hampden Park. Juventus Stadium. Estadio Nacional de Varsovia. St Jakob-Park. Cinco campos europeos y cinco trofeos levantados al cielo. Todas las finales de Europa League –dos como Copa de la UEFA– que ha disputado el Sevilla FC cuentan por victoria. La sexta se espera en la vigilia de una temporada soñada, colocando a primer nivel internacional un nuevo proyecto capitaneado por Monchi y que dirige en los banquillos un fundamental Julen Lopetegui. El Rhein Energie de Colonia albergará esa sexta final, pudiendo alargar la ya abultada lista de campos para el recuerdo sevillista. Frente a la expedición hispalense se planta el Inter de Milán, el cual si atendemos a la clasificación histórica de la competición, ocupa el segundo lugar, justo por detrás del Sevilla, con tres títulos y un subcampeonato. Un conjunto neroazzurro que llega motivado por esa primera temporada de Conte al frente que tan buenos resultados ha dejado siempre. Colonia será testigo de una pléyade futbolística con cartel de competición superior, donde la dupla atacante de moda en el viejo continente –Lukaku y Lautaro– pondrá a prueba al eje central de un proyecto que se cimenta sobre la unión de Jules Koundé y Diego Carlos.

La labor creativa de Joan Jordán y Éver Banega a la hora de aportar ritmo de balón y eludir la presión interista puede ser clave para después llevar el cuero a uno de los carriles.

Y es que si hay un duelo que haga la final de la Europa League 19/20 aún más estimulante es el mencionado entre puntas y centrales. Lautaro Martínez se ha destapado como uno de los delanteros que más dará que hablar en los próximos años si su carrera se desarrolla al mismo paso que hasta ahora. Por si eso fuera poco, Romelu Lukaku ha encontrado en Antonio Conte al entrenador que lo potencia sin igual, haciéndole dominar su juego de espaldas, su espectacular zancada y explosividad y siendo un bestia irrefrenable por casi cualquier línea defensiva. Recuerda, en parte, a la versión que el delantero belga nos ofreció en el Everton con Roberto Martínez, pegado a la banda derecha para aprovechar su potencia física mediante conducciones diagonales desde la cal. Lukaku exhibió su nivel actual ante el Bayer Leverkusen, de forma más completa, aunque en semifinales acabara anotando dos goles. Esa ronda de semifinales ante el Shakhtar estuvo marcada por un Lautaro completísimo, un goleador tan insaciable como dotadísimo técnicamente e inteligente. Por detrás, la más que posible titularidad de Barella, la condición de Ashley Young a pierna cambiada por la izquierda y el doble pivote de Gagliardini-Brozovic pone de manifiesto el gran ataque interior que posee el Inter de Milán, siendo D’Ambrossio el más capacitado para aportar profundidad por el carril derecho.

Si el conjunto transalpino posee sus dos mayores argumentos para levantar el entorchado europeo en la punta de lanza, el Sevilla los tiene en el centro de la defensa de un equipo muy coral. Esa armonía colectiva que ha alcanzado Lopetegui puede ser lo que acabe declinando la final hacia la parte hispalense. Pero centrando el foco en una zona del campo, hay que mirar con lupa a los dos centrales. Ese Koundé-Diego Carlos vs Lukaku-Lautaro puede ser registrado en todos los sismógrafos del centro de Europa. Ambos defensores han cuajado una temporada completísima, llamando la atención a nivel internacional, y siendo la base del triángulo más importante del Sevilla que finaliza en Fernando Reges como vértice superior. El conjunto de Lopetegui se construye a partir de ese tridente que dota de equilibrio defensivo a todo el conjunto y que permite desplegarse a los que pueden ser los activos ofensivos más influyentes ante el Inter de Milán. Tanto Jesús Navas como Sergio Reguilón en los laterales tendrán una función muy importante para conseguir contener y descubrir las vergüenzas de los carriles italianos. Más protagonismo debería tener, si cabe, un Reguilón que, incurriendo a la espalda de D’ Ambrossio y con la presencia de un Godín ya carente de cierta velocidad por la edad en ese costado, podría hacer daño si llega con ventaja y se consigue asociar bien con un Ocampos que todo apunta a que será de la partida en la final en esa banda izquierda del ataque hispalense.

El conjunto de Julen Lopetegui querrá llevar a cabo su plan de juego en la final a partir del balón, cosa que el Inter de Milán no va a querer evitar en un principio. Lo que Conte podría implementar es una presión inicial muy agresiva en la salida de balón hispalense, así como hiciera ante el Shakhtar en semifinales, para impedir un progreso claro y forzar algún error muy castigable con los hombres que arriba presenta. La labor creativa de Joan Jordán y Éver Banega a la hora de aportar ritmo de balón y eludir la presión interista puede ser clave para después llevar el esférico a uno de los carriles, ya sea para dañar con el dinamismo de Ocampos, buscar la profundidad de los dos laterales o la calidad de un Suso en un gran estado de forma. Joan Jordán deberá esforzarse en ofrecer una versión cercana a lo que se pudo ver ante el Manchester United, siempre asegurando el cuero y cometiendo muy pocos errores bajo la presión del contrario. Superando esa intensidad y el trabajo sin balón interior que Conte presentará con los Gagliardini-Brozovic + Barella, correr el carril y sacar de sitio a los centrales del Inter puede ser algo más sencillo.

La más que posible titularidad de Barella, la condición de Ashley Young a pierna cambiada por la izquierda y el doble pivote de Gagliardini-Brozovic pone de manifiesto el gran ataque interior que posee el Inter de Milán.

Siendo equipos que aseguran bien atrás, ya sea por acumulación en repliegue medio bajo o por la calidad presente en el apartado defensivo, en lo que se refiere a referencias ofensivas sí que puede existir cierta diferencia. En-Nesyri y De Jong no han conseguido experimentar una relación con el gol tan férrea como las dos bestias atacantes del Inter de Milán. En esa diferencia individual los italianos sí que tienen mucho más que decir. Se trata, por tanto, de una final donde existen un gran número de duelos individuales en dos colectivos muy bien trabajados. Quien consiga salir vencedor de más batallas dentro de los numerosos focos de conflicto del partido se llevará la gloria de una final de Europa League con un cartel de Champions League.

Christian Sánchez de la Blanca

Friedemann Vogel / Pool

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