Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

El Bayern de Múnich, desde su fortaleza coral, tratará de imponerse al PSG en la final de la Champions League.
Análisis táctico

Desde el dominio bávaro

Aquí podrás disfrutar de la previa de la gran final desde la perspectiva del PSG.

La ilusión de la primera vez ante el costumbrismo de la experiencia. El Bayern de Múnich alcanzó en Lisboa su décima oportunidad para hacerse con el máximo torneo continental. Cinco son las orejonas que lucen en las vitrinas del club bávaro, una grandeza que contrasta con la juventud de un PSG que vive desde hace nueve años, a raíz de una gigantesca inversión, la mejor época de su liviana historia. Una experiencia institucional que no tiene por qué trasladarse al terreno de juego, donde los parisinos cuentan con campeones en dicha competición, campeones del mundo o jugadores ya consagrados. Y es que si algo nos garantiza esta cita en Da Luz, es el espectáculo.

Un espectáculo que llevará el sello inequívoco de los de Baviera. La palabra que mejor define al Bayern esta temporada -y en aquellas en las que hace gala de su autoridad- es rodillo. Los bávaros, con su versión renovada de la mano de Hans-Dieter Flick, son una apisonadora desde su fútbol control. Un equipo que busca someter a su rival manejando los tiempos del partido, ya sea con posesiones más largas o buscando un juego directo siempre con muchos hombres por delante de línea de balón y de clara predisposición ofensiva. Una amalgama de recursos que lo convierten en un equipo completísimo, un rasgo que últimamente permite definir de mejor manera a los campeones. El Bayern 19/20 es la versión más próxima al Liverpool 18/19 que podemos encontrar en Europa.

La capacidad para manejar diferentes registros de juego, tanto en ofensiva como en defensiva, hacen de este Bayern un equipo ‘total’.

Si bien los bávaros no están exentos de dudas respecto a su juego -como es lógico en cualquier equipo-, suelen acumular tramos largos en los partidos de un fútbol total imposible de equiparar por su oponente. Minutos de lucidez absoluta, cuya brillantez defensiva y ofensiva -especialmente- marcan la diferencia con el resto. Quizás esa forma de jugar forme parte de la idiosincrasia de un club históricamente acostumbrado a ser el mejor cuando es capaz de desarrollar ese dominio total desde el sometimiento. Un enemigo sin piedad que busca imponer sus normas antes de colocar las piezas sobre el tablero.

Y es que, más que buscar los defectos del PSG, el Bayern tratará de exponenciar todas sus virtudes. Tanto en lo colectivo como en lo individual, los alemanes acumulan una serie de certezas que lo sitúan siempre un paso por delante. Lleva sin conocer la derrota desde diciembre, al mes del nombramiento de Flick como técnico interino, contando por victoria cada compromiso desde el retorno competitivo en mayo. El Bayern de Múnich arrasa con paso firme, ahora solo le falta trasladar esa dinámica al partido más importante de la temporada. Eso sí, por características propias del rival y por el propio escenario y magnitud de la cita, Flick deberá ajustar ciertos matices para acercarse a la victoria.

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Si bien en la ronda de cuartos ante el FC Barcelona la presión alta del Bayern fue asfixiante sobre la salida de balón culé, reconociendo incluso por sus propios protagonistas que fue la más exigida de la temporada, ante el OL, Flick decidió resguardarse algo más -aunque levemente-, apostando igualmente por esa presión alta pero sin adelantar tantos metros el bloque. Sin embargo, los de Rudi García consiguieron encontrar a sus dos puntas al espacio que se genera entre la línea defensiva bávara y su guardameta Manuel Neuer. Ese limbo indefinido de 25-30 metros es la principal vulnerabilidad del Bayern, y ahí, con Neymar y sobre todo Mbappé, Flick deberá medir muy bien la altura de su equipo para evitar que el PSG encuentre en el desmarque de ruptura su mejor opción para generar peligro.

Un espacio a la espalda que no solo condicionará a los bávaros en lo colectivo (altura del bloque) sino que también puede matizar la propia elección de piezas desde lo individual. Si bien Alaba y Davies suponen una garantía absoluta en el retorno defensivo, su sector diestro puede sufrir algo más, por lo que sería entendible que Tuchel apueste por volcar el juego a esa zona. Flick tiene la opción de buscar perfiles en la retaguardia más veloces como Pavard (que parece recuperado) y Boateng antes que Süle o Kimmich, que pueden sufrir más en carrera para frenar a un velocista como Mbappé.

Pero Flick no solo se verá condicionado por esto; Neymar, en una versión de futbolista total, muy alejado de lo que fue en el FC Barcelona, está encontrando la fórmula para incidir en el juego unos metros más alejado del área rival. Su influencia se acerca a la medular, y ese es precisamente el núcleo fuerte de Tuchel. Su planteamiento táctico ante el RB Leipzig de Nagelsmann fue brillante, con Ander Herrera y Leandro Paredes escalonados y facilitando los desmarques de apoyo del astro brasileño. Un ecosistema generado por el técnico germano que doblegó a uno de los equipos mejor coordinados en la presión del continente.

Neymar será ese gran condicionante a nivel defensivo, aunque su espalda, con Mbappé al espacio, se convierte en la gran prioridad a corregir por Flick.

Desactivar o incomodar -en la medida de lo posible- esas recepciones de Neymar se antoja fundamental. El PSG ya se ha demostrado capaz (y eso sin Verratti) de superar una presión adelantada del máximo nivel, por lo que el Bayern, siendo otro equipo que apuesta fuerte por su brillantez en la presión, deberá vigilar que el planteamiento no se le resquebraje en ese centro del campo. Una tarea para la que Thiago + Goretzka se le puede quedar corto. Aunque el español ha mejorado ostensiblemente en muchos aspectos posicionales y defensivos de su juego, la lectura, colocación y saber hacer con y sin balón de Kimmich comandando esa medular puede suponer un salto cualitativo para Flick, abriendo a su vez la puerta a la incorporación de Pavard definitivamente al lateral derecho.

Si defensivamente parece que el Bayern deberá adaptar ciertos matices de su plan base ante las amenazas parisinas, en ataque posiblemente apueste por su habitual desenfreno; un gegenpressing (presión tras pérdida) muy agresivo, mucha libertad de movimientos en tres cuartos, con un Müller sobresaliente, Lewandowski pisando el área suponiendo una amenaza total en el juego aéreo ante un frágil PSG en ese sentido, Gnabry y Perisic -si es que el croata es de la partida- interiorizando y abriendo el pasillo para un incombustible Davies postulado como mejor lateral izquierdo del mundo con tal solo 19 años. La maquinaria bávara está engrasada, y en sus argumentos colectivos, pero especialmente individuales, puede encontrar Flick infinidad de recursos para no preocuparse en exceso. La ofensiva del Bayern es suficiente argumento por sí misma de condicionar un partido sea cual sea el planteamiento defensivo rival.

Lisboa espera a un Bayern de Múnich total que tratará de imponerse desde su autoridad habitual a los sueños y esperanzas del PSG. Dos de los equipos con más cosas a ofrecer del continente en el que ya de por sí es el gran partido del año a nivel de clubes, pero que en esta atípica 19/20, supone una exaltación sensorial del más alto calibre. Tuchel y Flick, la escuela alemana, en busca de doctorarse frente a la preciada orejona de la Champions League.

Dani Souto

Frank Fife / Pool

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