Balón en Profundidad

Fútbol en torno al balón

Análisis táctico

Al son de Thiago Alcántara

En una temporada extraña, una Champions League diferente. El escenario vacío, y una final histórica por el contexto. Ante todo esto apareció Thiago Alcántara para guiar al Bayern hacia su sexta Copa de Europa. El pivote fue el protagonista de un guion que tuvo un final muy merecido para el conjunto de Hans-Dieter Flick por su curso, su trabajo y la Champions League realizada: 11 partidos y 11 victorias. Así que el Bayern es, tras derrotar al PSG de Neymar y Mbappé, el nuevo rey de Europa con total merecimiento.

Fue, por supuesto por el contexto, una final diferente e histórica. Pero en el cómputo general, fue una final que mejoró a la del Wanda Metropolitano de la temporada anterior. El plan de partido de Flick y Tuchel, el intervencionismo de estos, las presiones de ambos equipos, jugadores clave, mucha táctica y mucha pizarra, y, claro está, el ritmo de partido. Nada que ver. Y precisamente en esto último, es donde más buscó hacer daño Tuchel y el PSG desde un principio. Descolgando de tareas defensivas a Di María -derecha-, Mbappé -izquierda- y Neymar -pasillos interiores- para, tras robo, atacar una de las grandes debilidades del Bayern: la transición defensiva.

Clave Ander Herrera.

Lo de los tres de arriba del PSG implicaba un gran ajuste en campo propio y una ocupación de espacios excelente del propio conjunto parisino. Y aquí destacó, entre otras muchas fases del juego, Ander Herrera. Por cómo tapó el costado de Coman e igualó hombre por hombre las proyecciones ofensivas de Alphonso Davies. O por cómo cerraba líneas de pase entre líneas para complicar recepciones de Thomas Müller, por ejemplo. Con su trabajo sin balón y en lo bien que estuvo con balón en el pico del área del Bayern, que ‘hizo’ dos goles que no subieron al marcador, el primer tiempo de Ander fue excelente. De lo mejor del PSG.

De hecho, el primer tiempo del cuadro francés no es nada malo. Y lo de Ander Herrera es una causa de lo que pasó más adelante. El PSG estaba muy bien organizado sin balón sobre el césped, y el posicionamiento de sus tres jugadores ofensivos significaba varias cosas en el partido: que Kimmich no participara tanto en la base de la jugada aún siendo lateral -Thiago a veces estuvo demasiado solo ahí- o que las proyecciones ofensivas de Alphonso Davies se vieran reducidas por el posicionamiento de Di María. Y aquí apareció el gran argumento ofensivo del PSG, el que todos nos esperábamos: las carreras de Kylian Mbappé a la espalda de Kimmich con un buen Leandro Paredes.

Pero el partido se fue decantando poco a poco hacia el conjunto bávaro. O mejor dicho, hacia Thiago Alcántara. El repliegue del PSG durante todo el partido fue un 4+3, dejando así a Thiago como hombre libre en muchas de las jugadas ofensivas del Bayern. Y claro, si el grande de los Alcántara tiene tiempo y espacio para pensar, ver, organizar y ejecutar pasa lo que pasa, que el Bayern se fue haciendo dueño del partido con el paso de los minutos. Además de influir en lo colectivo, que por supuesto también, lo de Thiago simplificó muchas cosas, sobre todo en la segunda parte. Que los extremos estuviesen mejor colocados, que Müller estuviese más cerca del pico del área o que Lewandowski no necesitara salir de esta. De toda esta conjunción de factores llegó el gol del Bayern.

Hans-Dieter Flick volvió a ser clave para el campeón de Europa.

Todo lo que decidió el técnico del Bayern fue positivo para su equipo. Desde el plan de partido y su presión leyendo perfectamente las debilidades del PSG sin Marco Verratti en salida de balón, hasta el intervencionismo y sus ajustes con el paso de la final. Todo lo que tocó Flick mejoró al Bayern. Pero miremos su presión, analicemos este aspecto porque, desde luego, fue clave para ir haciéndose dueño del encuentro. Igualando marcas y con una ocupación de espacios inmejorable, además de atacar siempre las recepciones de espaldas de los jugadores del PSG. Algo a lo que, por cierto, este Bayern ya nos tiene acostumbrados.

Ya en la segunda parte, Hans-Dieter Flick supo leer bien lo que le faltó a su Bayern en los primeros 45 minutos. Un acompañante para un Thiago Alcántara que, pese a esto, se fue haciendo amo y señor del partido quitándole, por cierto, la etiqueta de mejor centrocampista del partido a Ander Herrera. Y Flick lo hizo con Joshua Kimmich y el ajuste de su posición -más centrado-. Gnabry atacó más y mejor pegado a banda, y Joshua apareció en zonas más interiores. El ejemplo meridiano; la recepción del pase del propio Thiago para el posterior centro en la jugada del único gol del partido.

En esta segunda parte el PSG tuvo poca capacidad de respuesta. Aunque pudo encontrar algo más allá de Neymar y Mbappé, que su fase final de la Champions League de cara a puerta no ha sido la mejor, con las recepciones de Ángel Di María a la espalda de Alphonso Davies. Aquí, tras robo en los constantes ataques del Bayern, el PSG encontró un argumento que le permitió llegar hasta el área bávara con pocos toques y con cierta facilidad, hasta cierto punto. Un PSG que no mejoró con la entrada de un jugador que en la primera parte tanto necesitaba Tuchel ante la presión alta del Bayern: Marco Verratti. De hecho, los mejores minutos del PSG fueron con Leandro Paredes sobre el verde y no con el centrocampista italiano.

Donde quieras, cuando quieras y como quieras, Thiago.

Y al final, fue lo que quiso Thiago Alcántara. Fue su final y, por ende, la de un Bayern que con el paso de los minutos fue encerrando y sometiendo a un PSG que se fue quedando sin respuesta con un Neymar Junior muy frustrado. Thiago fue el protagonista absoluto, por su personalidad, su descaro, sus cualidades tácticas y su calidad técnica, y por demostrar, en una cita como esta, el tipo de jugador que es, el tipo de centrocampista que es y de qué calibre está hecho. Fue el dueño de esta final histórica.

El Bayern es campeón de la Champions League con total merecimiento. Con un Manuel Neuer que se ha marcado una fase final espectacular, David Alaba volviendo a ser clave desde el central izquierdo, Kimmich y Alphonso Davies, cada uno a su manera, siendo diferenciales, Thiago Alcántara como capitán general, junto a la pegada y el recorrido de Goretzka. O lo de Serge Gnabry. También, por supuesto, Thomas Müller y Robert Lewandowski. Un grupo de jugadores que ha desarrollado un grandísimo nivel de fútbol, todo gracias a Hans-Dieter Flick. Un señor entrenador. La histórica temporada 19/20, esa que nunca olvidaremos, se acaba con esta final diferente y con un Bayern que vuelve a ponerse la corona de campeón de Europa.

Albert Quera

Miguel Lopes / Pool

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