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Willian en el tablero de Arteta

La simetría está sobrevalorada. O quizá eso piensa Mikel Arteta de cara a su equipo y lo que quiera de él. Y es que el Arsenal no está dejando malas sensaciones en lo que hemos podido ver de ellos en lo que llevamos de temporada en la Community Shield pero, sobre todo, en el primer encuentro de Premier League ante el Fulham en Craven Cottage. Es ahí donde se destapó lo que puede llegar a significar uno de los fichajes que este verano llegaron al Emirates. Willian Borges se ha convertido con Arteta en un agente asimétrico para el técnico español y, con ello, en uno de los nombres propios en este arranque del fútbol en Inglaterra.

Había cierto recelo sobre lo que podría aportar un Willian que, a sus treinta y dos años y tras más de doscientos partidos en la Premier League, podía dar la sensación de no querer buscar un destino demasiado exigente. Sus pasos finalmente le llevaron a no dejar Londres para cambiar de estadio y de barrio, firmando por la idea de Arteta, que está intentando revolucionar el club que le vio brillar en suelo inglés. Willian no engaña. Es un futbolista vertical, técnico, con gran golpeo exterior y, aunque su capacidad para ser desbordante ha pasado a ser más de posición e inteligencia a la hora de moverse que de propia potencia o velocidad, sigue siendo un valor añadido al poderío ofensivo global del equipo en el que esté. Lo que muchas veces no se admira del brasileño es su capacidad para dominar diferentes registros. Y eso es precisamente lo que parece que ha visto y convencido a Arteta.

Willian es, de inicio, un jugador de banda. Un extremo de diagonales más que de línea de cal, pero extremo igualmente. A pesar de esa realidad, que no es inexacta, los cambios en sus habilidades han hecho brillar al jugador en otros frentes que, con el paso del tiempo, se han hecho más evidentes y claves y que pudimos comprobar de primera mano en esta jornada inicial en la cabaña del Fulham. Arteta respetó esa primera lectura de la posición de Willian, pero le supo ver las habilidades para ser un jugador que ocupara eso que llamamos rol y que convierte la posición en algo completamente anecdótico.

Willian sirvió en Craven Cottage como hombre para todo, llegando a cubrir rol de extremo, interior y mediapunta en diferentes momentos del partido.

El nuevo jugador del Arsenal fue ante el Fulham una pieza fundamental, que no se quedaba en la banda salvo que lo exigiera el juego y que iba a ser clave para dar coherencia a la idea de Arteta para el partido. Lo cierto es que su posición en banda no duró mucho; salvo para dar amplitud a ciertas jugadas que podían aprovecharse de ese espacio creado en el carril central o bien de su posición, para poder mandar un centro desde el lateral. Era curioso, pero Willian hacía la diagonal contraria a la esperada, no hacia la portería rival, sino acercándose a los interiores y, sobre todo, dando apoyo a un Xhaka que agradecía su presencia para poder construir con un escalón más.

Era la asimetría perfecta con Aubameyang: mientras uno interiorizaba hacia portería e intervenía en el juego solo para el ámbito ofensivo (mirar al área rival), el brasileño trazaba sus movimientos generalmente a la inversa, para dejar espacio al lateral y para sumarse a la creación. Willian sirvió en Craven Cottage como hombre para todo, llegando a cubrir rol de extremo, interior y mediapunta en diferentes momentos del partido.

Desde esa polivalencia se debe entender la idea asimétrica de Mikel Arteta para este Arsenal. La profundidad de Bellerín por la derecha, buscando doblar por interior o exterior dependiendo de los movimientos del jugador brasileño, pero también las incorporaciones de Maitland-Niles y Tierney, entrando por el carril interior para acompañar la construcción de juego y fomentando llegar al área contraria con mayoría numérica, bien para buscar el hueco o para saltar a la presión en caso de pérdida.

Como en una partida de ajedrez, las piezas de inicio ocupan su lugar a pesar de saber que será necesario que cada una rompa filas y siga un rol preciso para componer una estrategia efectiva.

Esa ecuación se presenta, de inicio, con un 1-4-3-3 con Aubameyang en banda izquierda, Lacazette en punta y Willian en la diestra, pero que se convierte en un dibujo más fluido en forma de 1-3-5-2 en ataque, con el gabonés más escorado a banda, formando pareja con Lacazette, y Willian con libertad, visualizando y lanzando la jugada como interior/mediapunta. Con Holding y David Luiz cerrando y Bellerín o Tierney (en ocasiones uno u otro) completando atrás. El apoyo de uno de los dos laterales daba más opciones de presión tras pérdida o incluía un apoyo en caso de construcción, a menudo por el interior, como ya comentamos, en un ejercicio que gustaba a otro técnico español en tierras inglesas, Pep Guardiola, aún con Arteta como asistente del de Santpedor.

La simetría y los dibujos sientan las bases para entender de manera organizada cómo se sitúan las piezas en el tablero. Como en una partida de ajedrez, las piezas de inicio ocupan su lugar a pesar de saber que será necesario que cada una rompa filas y siga un rol preciso para componer una estrategia efectiva en la que peones, torres y alfiles formen un equipo ganador contra el rival. Ese movimiento, esa fluidez, no es simétrica aunque lo parezca. Mientras un alfil se mueve en casillas negras, otro lo hace en las blancas. Un binomio perfecto para entender que en los alfiles de Arteta, Aubameyang querrá ir a por el Rey y Willian hará lo posible para que pueda llegar a él.

Miguel Ruiz

Paul Childs / Pool

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